miércoles, 30 de junio de 2010

Arqueólogos Galácticos revelan el violento origen de la Vía Lactea

Muchas de las estrellas más antiguas de la Vía Láctea, la galaxia en que vivimos, no nacieron en su seno sino que son restos de otras pequeñas galaxias que chocaron violentamente entre ellas o fueron "apartadas" por la nuestra hace cerca de cinco mil millones de años.

Esa es la conclusión principal de un estudio, basado en simulaciones informáticas, llevado a cabo por científicos del Instituto de Cosmología Computacional de la Universidad de Durham, el Instituto Max Planck de Astrofísica y la universidad holandesa de Groningen.
Las simulaciones revelan que las estrellas más antiguas, que se encuentran en el halo de escombros estelares que rodea la Vía Láctea son, en su mayor parte, restos de otras galaxias más pequeñas que chocaron violentamente unas contra otras.
Algo que, por otra parte, coincide con las predicciones de los cosmólogos, que apuntan a que el Universo, en su juventud, estuvo lleno de una auténtica legión de pequeñas galaxias que tuvieron existencias tan cortas como violentas. Estas galaxias, chocando continuamente entre sí, habrían dejado tras ellas gran cantidad de escombros y residuos, materiales que después se unieron adoptando las formas galácticas que hoy nos son familiares.
Andrew Cooper, autor principal del estudio (que se publica en el boletín mensual de la Royal Astronomical Society británica, afirma que "efectivamente, nos hemos convertido en arqueólogos galácticos, a la caza de lugares en las que antiguas estrellas estén esparcidas alrededor de nuestra galaxia".
"Nuestras simulaciones -continúa el científico- muestran cómo estas auténticas reliquias de nuestra galaxia actual están relacionadas con acontecimientos de un pasado lejano. Igual que los antiguos estratos de roca revelan la historia de la Tierra, el halo estelar preserva el registro del dramático periodo inicial en la vida de la Vía Láctea, que terminó mucho antes del nacimiento del Sol".
Las simulaciones informáticas comienzan en el mismísimo Big Bang, hace más de trece mil millones de años, y utilizan las leyes universales de la Física para simular la evolución de la materia (ordinaria y oscura) y las estrellas. Estas simulaciones, las más realistas realizadas hasta el momento, son capaces de bucear hasta en los menores detalles del halo galáctico e introducir variables que revelan su evolución.
Una de cada cien estrellas de la Vía Láctea se encuentra en su halo, que es mucho mayor que el disco espiral y brillante que forma el cuerpo de la galaxia. Y resulta que muchas de esas estrellas son tan viejas como el Universo mismo.
"Nuestros datos -dice por su parte Carlos Frank, director del Instituto de Cosmología Computacinal de la Universidad de Durham- ayudarán a comprender los caminos y tribulaciones de nuestra galaxia en una forma similar a como los arqueólogos descubren cómo vivían los antiguos romanos a partir de los artefactos que dejaron tras de sí".

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