viernes, 16 de julio de 2010

El terrorífico aspecto de Mercurio

Gigantescos cráteres de volcanes que rompieron la superficie durante mucho tiempo, tormentas magnéticas de gran intensidad que destrozarían la Tierra y una extraña atmósfera ionizada. El tercer vuelo de la sonda espacial estadounidense Messenger sobre Mercurio, el planeta más cercano al Sol, en septiembre del pasado año, sigue revelando nuevos datos sobre este mundo, dibujando un aspecto que se antoja cada vez más infernal. Esta información se recoge en tres artículos publicados en la revista Science.
Cada vez que tenemos un encuentro con Mercurio, descubrimos nuevos fenómenos», dice el investigador principal de la Messenger, Sean Solomon, del departamento de Magnetismo Terrestre del Instituto Carnegie en Washington. «Hemos aprendido que Mercurio es un planeta extraordinariamente dinámico y ha sido así a lo largo de su historia. Cuando la Messenger entre de nuevo en su órbita el próximo marzo, tendremos un espectáculo fabuloso», asegura.
El tercer y último vuelo de la Messenger sobre Mercurio ha proporcionado a los científicos una visión casi completa de la superficie del planeta. Así descubrieron una región desconocida con una superficie brillante que rodea un depresión irregular, posiblemente de origen volcánico, de 290 kilómetros de diámetro, al que recientemente han denominado Rachmaninoff, en honor al compositor. Los investigadores creen ahora que puede tratarse del más joven de los depósitos volcánicos encontrados nunca en Mercurio. No es la única observación similar, otros cráteres marcan la superficie del planeta, lo que sugiere que el vulcanismo en el planeta se extendió durante una duración mucho mayor de lo que se pensaba, «tal vez hasta bien entrada la segunda mitad de la historia del Sistema Solar», asegura Louise Prockter, del laboratorio de Física Aplicada de la Universidad John Hopkins en Laurel (Maryland).
La tormenta perfecta
De igual forma, el tercer vuelo de la sonda también ha proporcionado información sobre las subtormentas magnéticas de nuestro vecino cósmico. Estas se producen de forma intermitente en la Tierra, por lo general varias veces al día, y duran de una a tres horas. Están acompañadas de una serie de fenómenos, como las bellas auroras boreales que aparecen en los cielos del Ártico y la Antártida. Estas subtormentas pueden causar estragos en las comunicaciones y en los satélites que observan la Tierra, sobre todo en las altitudes de las órbitas geoestacionarias.
Esto es lo que conocemos y no es tranquilizador. Pues las de Mercurio son infinitamente peores. El magnetómetro de la Messenger ha documentado por primera vez una de estas subtormentas en Mercurio. Los aumentos de energía magnética son hasta diez veces mayores que en la Tierra y las subtormentas hasta cincuenta veces más rápidas.

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