domingo, 8 de agosto de 2010

Auroras boreales a latitudes más bajas de lo habitual

Los habitantes de las regiones polares y de las áreas cercanas tienen la suerte de asistir a un magnífico espectáculo de la naturaleza. El privilegio de ver una aurora boreal, sin embargo, se ha extendido este mes de agosto a zonas con latitudes más bajas de las habituales debido a la intensidad del 'tsunami' que el Sol lanzó a la Tierra el pasado día 1.
Las auroras boreales fueron visibles en los dos polos del globo terráqueo y en áreas cercanas entre el 3 y el 4 de agosto. La NASA prevé que el fenómeno alcance su punto álgido este viernes, cuando realmente haya llegado a la atmósfera terrestre este 'tsunami'.


Los cielos de algunos lugares del Hemisferio Norte situados a una latitud similar a España (nuestro país se encuentra aproximadamente a una latitud de 40-45º norte) han sido el escenario de auroras boreales durante esos días. Es el caso de algunos estados situados al norte de EEUU, como Wisconsin, Iowa o Michigan(latitud de entre 43º-47º norte). Las auroras boreales fueron muy visibles en Canadá, Rusia, Noruega, Islandia, Suecia, Groenlandia y Finlandia, según informó la NASA.

Formación de la aurora boreal

El oxígeno es la clave en el proceso del color de la aurora boreal. Si para pintar una acuarela se necesita papel, pincel, pinturas y agua, lo mismo ocurre cuando las auroras boreales son dibujadas con luces de tonos verdes, azules, rojos y violetas en el cielo gracias a la reacción del oxígeno con los "átomos ionizados" que el Sol manda a la Tierra.
La mezcla del pigmento (átomos) y el agua (oxígeno y nitrógeno) crea luz natural en las capas altas de la atmósfera, donde existe "el vacío" y "la densidad y la presión (atmosférica) es muy baja", señaló Truls Lynne Hansen, director del Observatorio de Auroras de la Universidad de Tromsø (TGO, en inglés), en Noruega.
El pigmento en la aurora es el 'plasma' solar (átomos ionizados) que empezó a llegar a la atmósfera terrestre el pasado 1 de agosto tras recorrer 140 millones de kilómetros, la distancia entre el Sol y nuestro planeta, dijo a Efe Kelly Korreck, científica del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian (CfA, en inglés).
Lo que en una acuarela sería el agua, en una aurora se traduce principalmente en oxígeno y también en el gas más abundante en la Tierra, el nitrógeno, indicaron los dos expertos.
Así, cuando el 'plasma' solar (a modo de pigmento) choca con los gases -oxígeno y nitrógeno- (el agua) en la atmósfera (la paleta de mezclas de colores) se genera la aurora boreal en el cielo (o lienzo).

La luz nocturna facilita su visión

Pero no en un lienzo cualquiera. La luz nocturna facilita la visión de las auroras boreales que se producen en los dos polos de la Tierra y en áreas cercanas.
Habitualmente, las auroras boreales o australes son rojizas y verdosas, dos colores que dependen curiosamente de las moléculas de oxígeno, recalcaron los científicos.
En cambio, el espectro que va desde el azul al violeta -mezcla de azul y rojo- se crea según los niveles de nitrógeno que haya en la atmósfera, afirmó Korreck.
Así, cuando se observa el tono violáceo que es normal "en la parte inferior de las auroras" se debe a que se han concentrado moléculas de nitrógeno en esa zona, añadió Lynne Hansen.

Un fenómeno único

En la Naturaleza, las auroras "son únicas" porque su gama de tonos es muy amplia y particular, sobre todo "las que tienen luz verde, que son casi imposibles de reproducir en un laboratorio", contó el astrofísico noruego.
Su forma también es irrepetible. La mano artística que pinta los trazos de la aurora boreal o austral es el campo magnético de la Tierra, que cambia de sentido en los polos cada 250.000 años, explicó el director del observatorio de la Universidad de Tromsø.
Por ello, la magia estética de cada aurora es extraordinaria, no sólo por su rango cromático, sino porque su forma depende de la superficie terrestre.
En el cielo, los trazos azules, verdes, rojos o púrpuras son abstractos, verticales, diagonales u horizontales dependiendo del campo magnético del subsuelo donde puede haber magnetita, oro, hierro o níquel que pincelan la forma de la aurora implícita y misteriosamente.
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