lunes, 27 de septiembre de 2010

Aseguran que sus mascotas "resucitan" para asustarlos

Juran que los ven después de muertos y en contextos extraños. ¿Vínculo psíquico o sugestión? 
 La joven no puede aceptar lo que acaba de ver. Pero vuelve a aguzar la mirada y certifica la visión anterior, aunque ahora la imagen que la ha impresionado tanto desaparecerá de repente. Delante de ella y a los pies de una cama, activa y feliz estaba su perra, la cual había muerto hacía unos días.

Toda vez que lo revive, el caso no alcanza explicación para la mujer de esta historia que se animó a colgar su experiencia en internet y que todavía hoy, a más de aun año de ocurrido la anomalía, quedó con una particular sensación mezcla de felicidad y fuerte impresión, como la que tuvo varios años atrás Eduardo, cuando también vio el fantasma de Lissette, la hermosa cocker spaniel a la que tuvo que sacrificar ante el impiadoso avance de un tumor.

La historia de Héctor, por su parte, es distinta porque Linda, su gatita blanca que había muerto de golpe cinco días antes a causa de una misteriosa enfermedad neurológica, se le apareció como si fuera una ensoñación mientras estaba atascado al volante de su auto en un embotellamiento de hora pico en la avenida General Paz.

Estos episodios y otros de distinto tipo son más frecuentes que lo que pueda imaginarse y tiene que ver con la presencia fantasmal de mascotas capaces también de desafiar los límites aparentemente infranqueables establecidos por la muerte. Pero en este tema, los entendidos en cuestiones Psi tienen distintas teorías al respecto.

El dueño de Lissette, a la que vio días después que el animal había sido sacrificado, es el investigador en fenómenos paranormales Eduardo Grosso, para quien la “biblioteca” está dividida entre los estudiosos que le asignan capacidades paranormales a los animales, y los que no.

Estos casos se ajustan al “fenómeno parapsicológico, perteneciente a lo parafísico, específicamente dentro de los llamados ideoplastías y al que se lo denomina materializaciones no humanas”, explicó Grosso y añadió que en ese encuadre “hay varios ejemplos de figuras fantasmales con forma de animales” que han sido percibidos.

Grosso detalló que esas figuras “están elaboradas”, es decir formadas a partir de un ectoplasma por el dueño de la mascota fallecida o bien alguien de su entorno familiar. “Ese ectoplasma es emitido en forma subconsciente por una persona, es de consistencia vaporosa -señaló el investigador- y de ninguna manera es el espíritu de la mascota ni nada por el estilo”.
Así como Grosso le encontró explicación a su extraordinaria experiencia, Héctor Alfano aún está conmocionado por lo que vivenció hace dos años y medio, al ver ante sí a su gata caminando lentamente hacia adelante hasta que el animal volvió su cabeza, lo miró con ternura felina y se desvaneció junto con toda la imagen.

“De pronto me vi en la General Paz con decenas de automovilistas tocándome bocina para que reiniciara la marcha, ya que se había desbloqueado el tramo de la avenida en la que el tránsito estaba trabado” contó Héctor, que tras esa visualización sintió por primera vez desde la muerte de su querida mascota un profundo alivio interior. Como si hubiera bajado la carga de angustia tras aceptar, no sin tristeza, que Linda se iba nomás.

En realidad, lo que ocurrió con Héctor había tenido una serie de manifestaciones previas extendidas a su casa, en Villa Devoto, en donde al igual que su esposa Ana en los días posteriores a la muerte de la gata, tenía la sensación constante que el animal estaba “presente” a través sombras fugaces que surcaban las salas y movimientos inesperados de cortinas y volados de las fundas de los sillones.

Después del episodio de la General Paz ya no hubo de ese tipo de manifestaciones en la casa de Héctor, pero la investigadora Liliana Grosso consideró que ése y otros casos se ubican en el campo de la parazoogénesis, entendida como la resultante “del lazo muy fuerte que se establece entre el humano y su mascota de la cual quedan, tras su muerte residuos, de energía”.

Flotta cree que “es el hombre el que crea determinada capacidad de conciencia en la mascota que el animal libre no tiene”, a la vez que precisó que en todo caso ni perros ni gatos “son capaces por sí sólos de producir fenómenos paranormales que sí son generados por el hombre”.

Pero hay psíquicos que entienden estas manifestaciones desde un perfil diferente, en el cual por ejemplo la joven que vio a su perra, Héctor y en algún momento Eduardo percibieron que sus animales del alma habían sumado una gracia más al vasto repertorio aplicado en la vida que compartieron y, claro está, con el plus de haberlo hecho desde mucho más allá del plano terrenal. Para estos testigos privilegiados, ni más ni menos, otra maravillosa manifestación de amor animal.
 
Fuente:
24CN

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