jueves, 25 de noviembre de 2010

El fantasma de un bebé en una familia

Durante nueve meses, Darío y Mariela esperaron la llegada de su primer hijo con absoluta alegría, preparando todo para la gran bienvenida al hogar que compartían en el barrio de Versalles. La beba nació a mediados de 2008, y la casa pareció llenarse de luz y esperanza. Pero, casi inmediatamente, comenzaron a ocurrir fenómenos inexplicables: el televisor se prendía solo, las luces enloquecían, una radio subía su volumen, y de noche se empezaron a escuchar pasos aterradores. ¿El motivo? el espíritu de un bebé sin bautizar que había fallecido de muerte súbita, 20 años antes en la misma vivienda, y que no soportaba el amor de la familia ante la llegada del nuevo integrante.

Así lo explicó el cura Manuel Acuña, quien fue convocado por la pareja para lograr que el fantasma “siga su camino, y despedirlo como debió haberse hecho apenas falleció”. El caso, de acuerdo al especialista, “es más común de lo que se puede pensar”.

Un detalle que vale la pena relatar, aportado por los integrantes del matrimonio afectado en medio de la búsqueda de una solución, es que la mujer tuvo “un alerta espiritual mediante sueños muy extraños, que en rigor fueron mensajes que le brindó Dios para avisarle que debía recurrir a una sanación de su casa, y que el espíritu celoso se marche en paz”.

La investigación

Apenas tomó contacto con el caso, el cura Acuña se entrevistó durante varias horas con el matrimonio, que no tenía mucha información para aportar en torno al origen del problema. “Se trataba de una pareja muy sana, de trabajadores, que no estaban enemistados con nadie. Indagamos en su pasado, como así también en hechos familiares, pero no surgía ningún elemento que lo uniera con los fenómenos que ocurrían en el hogar”, dijo el sacerdote.


Los hechos, tal como se explicó, comenzaron a concretarse a poco de la llegada de la beba al hogar. “Fue inmediato, y se extendió por unos cuatro meses, sin parar. Hasta que intervenimos nosotros y pudimos darles una solución que consistió en bendecir la casa, realizar una misa en el propio lugar, proteger a la beba y realizar oraciones específicas para almas en pena”, dijo el experto.
 
Pero la “curación” ocurrió luego de determinar el origen del asunto. “Tuvimos que hacer una profunda investigación en el barrio, entrevistando a varios vecinos que vivían allí desde hacía mucho tiempo. Así, logramos entablar contacto con algunas personas de la zona que reconstruyeron el árbol de esa casa, y nos contaron que dos décadas atrás una familia vivió la tragedia de perder un bebé en el marco de una muerte súbita”, contó Acuña.

“Sufría de celos”

“Teníamos alguna sospecha concreta de que el detonante del problema había sido la llegada de la beba al hogar, pero recién cuando obtuvimos el dato de la criatura fallecida nos dimos cuenta que se trataba de un típico caso de alma que no puede soportar la frustración de no haber podido experimentar el milagro de la vida”, explicó el cura, agregando que “como no pudo llevar adelante el objetivo de su encarnación, se manifestaba con bronca en el hogar”.

“Lo primero que hicimos fue proteger la cuna de la beba recién llegada, para que el espíritu no se manifieste en su contra, y encargar su cuidado a un ángel de la guarda -manifestó Acuña-. Luego, empezamos a trabajar en despedir el espíritu atrapado en esa casa, donde sufría de celos por no poder disfrutar de caricias, en definitiva, de tanto amor”.

En el marco de la pesquisa barrial, también surgió un dato clave respecto al bebé fallecido. “Se acercó una persona y nos contó que la criatura no había llegado a ser bautizada antes de su fallecimiento repentino. Esa información fue importantísima y pudimos cerrar el círculo, ya que entendimos que su alma estaba atrapada en este mundo, así que lo que hicimos fue liberarla”, cerró el religioso.

Fuente:
24CON

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