jueves, 30 de diciembre de 2010

El escorpión gigante esconde sus uñas

Como sacados de una película de ciencia ficción, los escorpiones marinos gigantes, de dos metros y medio de largo, eran una de las criaturas más aterradoras de la antigüedad. Con el aspecto de un monstruo fantástico y unas afiladas pinzas, estos animales habrían causado el terror hace 400 millones de años. Para los científicos, los pterygotid eurypterids, que pertenecen a la familia de los artrópodos, representaban algo así como «los tiranosaurios rex de los mares de su tiempo». Sin embargo, una nueva investigación viene a desbaratar el mito. Tenían un aspecto imponente, sí; eran enormes y poseían pinzas amenazadoras, pero no eran tan terribles como parecían. En realidad, según paleontólogos del Museo de Ciencias de Búfalo en Nueva York, estos escorpiones gigantes eran bastante inofensivos. Sus pinzas eran tan débiles que no hubieran sido capaces de «pinchar» a un cangrejo de tamaño mediano. Posiblemente, estos animales era carroñeros o incluso vegetarianos.


Richard Laub, paleontólogo del Museo de Ciencias de Búfalo, confiesa a la web LiveScience que cuando comenzó su investigación sobre los escorpiones gigantes creía, como el resto de los científicos, que iba a estudiar a un monstruo agresivo que desgarraba a sus víctimas. Sin embargo, pronto descubrió que jamás hubiera podido hacer algo semejante. Laub examinó las pinzas de un grupo de escorpiones marinos excepcionalmente grande, los Acuritamus, que vivieron hace más de 400 millones de años en lo que hoy es Nueva York y Ontario (Canadá).

Sin fuerza
Las pinzas no podían hacer más de 5 newtons de fuerza sin que sus dueños se dañaran a ellos mismos. Esto significa que eran incapaces de penetrar el caparazón, ni siquiera el de un cangrejo de herradura de tamaño medio. En comparación, la mandíbula de un tiranosaurio rex podía aplicar 200.000 newtons de fuerza, lo suficiente para levantar un tractor.

Los científicos también creen que estos escorpiones estaban poco dotados para la caza de otras criaturas, y posiblemente se les daba mejor rebuscar en el fondo marino en busca de comida. En definitiva, poca violencia. Los investigadores creen que deben realizarse nuevos estudios que confirmen que el feroz depredador era en realidad un gigante bueno.

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