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viernes, 14 de enero de 2011

Clave7 colabora con RTVC: Reportaje para Código Abierto en La Casa Lercaro

El equipo de Clave7 ha tenido el placer de colaborar con el programa televisivo Código Abierto, de la Radio Televisión Canaria, para realizar un reportaje en la conocida como Casa Lercaro, situada en San Cristobal de La Laguna, en la histórica Calle San Agustín,  con relación a los fenómenos paranormales que, desde hace algunos años, se cuenta que suceden entre sus estancias.

Ante todo, hagamos un poco de historia para ubicar al lector:
"La Casa Lercaro comenzó a construirse en 1593 por Francisco Lercaro de León. Esta edificación se vio sometida a ampliaciones en los siglos XVII y XVIII, etapa de máximo esplendor, así como a obras de menor importancia en el XIX.

La familia Lercaro fue representativa del grupo nobiliario y de la elite social de Canarias que fundamentaba su preeminencia socioeconómica y política en la propiedad de la tierra. Esta condición social facilitó que diversos miembros de la familia accediera a los principales órganos de gobierno de las instituciones civiles y militares de la Isla.

Los Lercaro, como grupo nobiliario, se caracterizaron también por diferenciarse del resto de los grupos sociales a través de distintas manifestaciones relacionadas con el mundo religioso como el patronazgo de iglesias y conventos y la pertenencia a cofradías restringidas, señas de prestigio social utilizados  por las clases dominantes.


A lo largo del siglo XX, además de vivienda, la Casa Lercaro tuvo diversos usos, hasta que en los años setenta fue adquirida por el Cabildo Insular de Tenerife, quien acomete labores de restauración y culmina sus tareas en 1993 con la apertura del Museo de Historia de Tenerife."


A lo largo de su historia, además de vivienda, la Casa Lercaro ha tenido diversos usos. En los años 40 fue utilizada como albergue de un destacamento militar, denominado popularmente como "los antigases". Después se convirtió en sede de la facultad de Filosofía y Letras.

Y fue a lo largo de esta historia en la que apareció la leyenda que da origen o base a ciertos fenómenos extraños acaecidos en aquel lugar. Leyenda que se resume para cualquier lagunero en un nombre. Catalina Lercaro.

Catalina, joven doncella, es obligada por su padre, Antonio Lercaro, a contraer matrimonio con un caballero de avanzada edad. Ella, desdichada y desesperada por tal imposición, decide quitarse la vida lanzándose desde las dependencias de los pisos superiores a un pozo situado en uno de los patios interiores de la casa.

Esto supuso una gran desgracia para la familia. Al tratarse de un suicidio, el cuerpo de Catalina no pudo ser enterrado en el cementerio de la ciudad. Lo cual motivó a que su padre decidiera darle sepultura en el interior de la casa. 

Si dar una explicación aparente, al cabo de los meses, la familia Lercaro decide trasladarse a otra de sus propiedades situada al norte de la isla, en La Orotava. En la creencia popular de la época se esbozaron dos causas aparentes: de una parte, huir de la vergüenza que las habladurias, sobre los motivos que provocaron el tan fatal desenlace de la joven, se propagaba entre el populacho. Por otra, quizá tratar de escapar del espíritu atormentado de Catalina, que seguía clamando desde el más allá.

Si bien esa leyenda como tal ha llegado hasta nuestros días, desde que el palacete fuera restaurado para su inauguración en 1993, muchos han sido los testigos, la mayoría empleados del museo, que cuentan haber presenciado sucesos extraños. Desde pisadas que parecen siempre conducir a un mismo lugar, hasta la visión neblinosa de una entidad con forma femenina paseándose por los pasillos. Nuestro equipo tiene constancia de un testigo principal, que fuera en su momento parte del personal de seguridad y que necesito de tratamiento psiquiátrico tras vivir una escalofriante experiencia en aquel lugar. 

Tanta fue la repercusión entre los ciudadanos laguneros y los medios de comunicación sobre lo que allí ocurría que, y esto fue manifestado por los propios empleados de La Casa Lercaro, desde el Cabildo insular les prohibieron hablar públicamente del asunto.

Miriam Rodríguez entrevistando a Juan Carlos Antúnez
Algunos años han pasado ya desde entonces, y salvo por algún reportaje realizado por cierto gran conocido medio televisivo, poco se ha vuelto a contar en los medios de comunicación sobre la "cara paranormal" del museo. Pero en el boca a boca estas cuestiones no se olvidan. Y el Fantasma de Catalina se convertiría en casi un icono del acervo cultural de la Villa Lagunera. 


Y es por esta causa que la reportera de Código Abierto Miriam Rodríguez, muy interesada en la investigación de esa "otra" historia que guardan ciertos lugares, fijó su punto de mira en el actual Museo de Historia y Antropología de Tenerife. Debido a la amistad que ya nos une, no dudó en ponerse en contacto con nosotros para la realización de un reportaje, una investigación en vivo.

La cita fue prevista para el miércoles 12 de enero. Pero por alguna desavenencia con la dirección del museo se pospuso para el día siguiente, jueves 13. 

Sobre las 19:00 horas de la tarde, habiendo ya anochecido y el frescor lagunero haciéndose patente a medida que avanzaban los minutos, nos reunimos el la Calle San Agustín, justo frente a la fachada de La Casa Lercaro. Nuestro técnico, Juan Carlos Antúnez, por motivos ajenos a su voluntad, se retrasó. Minutos que aprovechamos para conversar con Jesús, el guarda de seguridad que por turno, le tocó cubrir nuestra estancia. Ante todo queremos agradecerle su amabilidad al facilitarnos su ayuda cuando la precisamos. 
En nuestra breve conversación dejó bien claro su espíritu crítico hacia este tipo de fenomenología paranormal. En sus guardias, nos aseguró, nunca había presenciado ningún hecho que no tuviera una explicación racional. Aunque, nos confesó que una noche, el ascensor que actualmente comunica las dos plantas del museo, se puso en marcha "solo" ¿Un simple falló técnico casual?

En cuanto Antúnez llegó, nos pusimos manos a la obra. Nos situamos en el área de incidencia de la mayor parte de los testimonios, en la sección VI, en el segundo piso. Instalamos nuestro puesto de control bajo la empinada escalinata que sube a una de las zonas más altas de la casa. Y nuevamente desplegamos todo nuestro aparataje técnico colocando cámaras infrarrojas y sensores de movimiento en cada estancia. Metros y metros de cableado que recorrían el suelo en direcciones varias.

Todo aquel despliegue era seguido de cerca por el equipo de Código Abierto, que realizó tomas de todo cuanto hacíamos. Juan Carlos Antúnez iba en todo momento exponiendo en que consistía cada elemento con el que contábamos para monitorizar las habitaciones clave de aquel área.

Una leve contrariedad con un aparato determinado retrasó un poco el experimento, pero fue solventado inmediatamente por Antúnez. 

Mientras, nuestra compañera Olga Pérez se encargaba de rastrear con el interferómetro las posibles alteraciones electromagnéticas que pudieran detectarse en los alrededores de nuestro puesto de mando, sin que obtuviera ningún resultado.

Aunque sus capacidades sensitivas la alertaron en algún momento. Algo de lo que dejó constancia ante la cámara.


Eran ya pasadas las 21:00 horas. Todo estaba colocado ya en su sitio. Cerramos las puertas para aislar las habitaciones y solicitamos al guarda de seguridad que apagara las luces de la zona. Colocamos además un termómetro para medir los posibles cambios de temperatura. Luces fuera.

En el monitor de nuestro puesto de mando pronto empezamos a detectar ciertas anomalías. De nuevo hicieron acto de presencia esas extrañas esferas luminosas, alguna de las cuales eran realmente claras y aparentemente compactas. 

Realizamos una grabación de al menos una hora, en la que pudimos detectar varias de esas esferas y que la cámara de Código Abierto pudo captar también a través de nuestro monitor.

Una vez finalizado el experimento, recogimos todo nuestros bártulos y devolvimos aquella conocida área VI al silencio y, quien sabe si también a Catalina Lercaro, que tal vez ya reclamara algo de intimidad.

El equipo de Clave7 quiere agradecer a la dirección del Museo de Historia y Antropología de Tenerife, la confianza depositada en nuestra seriedad y permitirnos realizar esta experiencia. También, por supuesto, a Miriam Rodríguez por contar con estos apasionados del misterio y atreverse una vez más a pasar con nosotros una velada en otra "casa encantada".
Juan Carlos Antúnez, Fernándo Álvarez, Olga Pérez, Miriam Rodriguez y su cámara, Jesús (guarda de seguridad del museo) y Carlos Soriano.
Este el reportaje, emitido el 14/01/2011 en la primera emisión del programa Código Abierto del año:

Texto y fotografia: Carlos Soriano

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