miércoles, 9 de febrero de 2011

«Las matemáticas pueden explicar el amor, pero nunca probarán si Dios existe»


Manuel de León (Requejo, Zamora, 1953), director del Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT) e investigador del CSIC, es el único español que, en cien años de historia, forma parte del comité ejecutivo de la Unión Matemática Internacional, una especie de «sanedrín» de la matemática mundial en la que participan 77 países y que se encarga de otorgar la medalla Fields, consideraba el «Nobel» de las matemáticas. Ahora, acaba de ser reelegido otros cuatro años en su cargo, que conlleva, entre otras responsabilidades, tareas para fomentar el conocimiento y la divulgación de esta ciencia exacta. Está especializado en mecánica geométrica. En la práctica, sirve para resolver problemas de ingeniería, desde la construcción de un submarino automático a la puesta en órbita de un telescopio espacial.

-Forma parte de un club muy selecto...

-El comité, formado por once matemáticos de todo el mundo, se renueva parcialmente cada cuatro años. Cada país presenta sus candidaturas y, según su peso, tendrá también diferentes votos. De esta forma, se escoge a matemáticos de prestigio internacional por sus investigaciones, sus tareas de divulgación y de gestión. Realmente es un privilegio.

-¿Son las mentes más brillantes de las matemáticas en todo el mundo?

-No, no... No somos los mejores. Hay grandes matemáticos que nunca han sido miembros del comité. Pero es cierto que tengo compañeros muy brillantes, por ejemplo, un medallista Fields, el francés Wendelin Werner, premiado por sus trabajos en estadística hace cuatro años en el congreso que organizamos en Madrid.

-¿Y a qué se dedican cuando están reunidos?

-Nuestra gran actividad es el Congreso Internacional de Matemáticos, que se organiza cada cuatro años desde hace un siglo y que reune a 4.000 matemáticos de todo el mundo que exponen su trabajo. No hay nada igual. La organización también fomenta la investigación, las publicaciones científicas, la educación...

-Una de las últimas medallas Fields premió a un personaje singular, el ruso Grigori Perelman, por resolver la conjetura de Poincaré. Rechazó el galardón y también un millón de dólares.

-Perelman es un personaje muy especial. Ni siquiera ha publicado los artículos donde prueba sus resultados, sino que están guardados en archivos electrónicos. Consideró que algunos de sus colegas en EE.UU no se habían portado bien con él, decidió que ya había hecho todo lo que tenía que hacer y no quiso saber nada más.

-¿Qué ocurrió con el premio?

-La medalla con su nombre grabado, que la tuve en mis manos en 2006, quedó depositada en el Instituto Fields, en Toronto (Canadá), esperando a que él la acepte junto con un cheque de 15.000 dolares. Si algún día quiere recogerlo, lo recogerá. En cuanto al millón de dólares, el Instituto Clay de EE.UU., que es quien lo otorga, está negociando con él para poder utilizarlo en favor de estudiantes de matemáticas en Rusia o en algún otro país.

-¿Qué opinión le merece Perelman?

-Le escribí mensajes y cartas para intentar que viniera a recoger la medalla a París, pero su carácter... No todos los matemáticos somos tan excéntricos. En absoluto.

-¿Cuál es el mayor reto de las matemáticas en la actualidad?

-Los «Siete problemas del milenio» son los que más llaman la atención, porque llevan muchos años sin que nadie haya sido capaz de encontrar las soluciones. Quien lo consiga recibirá un premio de un millón de dólares. Uno de ellos es la conjetura de Poincaré, que ya ha sido resuelta.

-¿Y cuál de ellos es el que usted sueña con resolver?

-Bueno, no es mi campo y para hacer algo así habría que dedicarle muchos años, pero seguramente la más excitante para todos los matemáticos es la Hipótesis de Riemann, que explica cómo se distribuyen los números primos. Sabemos que hay infinitos números primos (aquellos que solo se pueden dividir por él mismo y por uno), pero no sabemos cómo están distribuidos, cuál es su patrón de formación.

-Y además de la satisfacción de aumentar nuestro conocimiento, ¿qué nos aportaría este hallazgo?

- Mejorar las claves de encriptación de mensajes seguros, que se basan en cómo se descompone un número en sus factores primos. En Secundaria lo hacemos con primos pequeños -10 (2x5), 15 (3x5)-, pero con primos muy grandes esto ya no es tan sencillo.

-¿Qué debe tener el genio que lo resuelva?

-Una mente especial y ser capaz de ver lo que los demás no ven. Y que la inspiración le pille trabajando.

-La conjetura de Poincaré, la de Hirsch, la ecuación de Boltzman... ¿Un matemático llega al éxito cuando un problema lleva su nombre?

-Bueno, estos matemáticos no solo han dado su nombre a un teorema, han pasado a la historia por todo lo que han trabajado. Un matemático no se levanta por la mañana pensando a ver qué conjeturas hace hoy.

-¿Cómo valora el nivel de las matemáticas en España?

-De cada cien artículos sobre matemáticas que se publican en el mundo en las revistas internacionales, cinco son españoles. Es una ciencia modélica, a la altura de Francia o Italia. Otra cosa es la educación. La Unión Europea nos ha dado un tirón de orejas por el fracaso escolar. Nos hemos estancado. Es necesaria una mejor formación del profesorado. En EE.UU. se paga un plus a los mejores estudiantes para que se conviertan en profesores de matemáticas. En Finlandia y en Corea, la implicación de la familia es tremenda.

-Si un matemático pudiera decidir sobre economía, ¿nos irían mejor las cosas?

-Evidentemente sí. La culpa de esta crisis es simple y llanamente la avaricia. Si se tomaran decisiones teniendo en cuenta las matemáticas, se podrían mejorar muchas cosas. Pero se hace poco. En España, los gobiernos no han apostado por la ciencia. Cuando la economía va mal, recortan el presupuesto. Sin embargo, en Alemania aumentaron el presupuesto de investigación para salir de la crisis. Aquí el objetivo solo es ganar elecciones. No se tiene en cuenta que la educación y la ciencia son los pilares de cualquier país.

-¿Podrán las matemáticas algún día explica asuntos tan subjetivos como, por ejemplo, el amor?

-Para describir un fenómeno de cualquier tipo, ya sea psicológico, biológico..., lo que se quiera, al final hay que poner unas cantidades en relación con otras, un modelo matemático. Una ciencia, sin matemáticas debajo, no es ciencia. Cualquier proceso que queramos entender lo entenderemos cuando podamos describirlo de una manera matemática.

-¿Y la existencia de Dios?

-Eso ya es otra cuestión. En la fe, las matemáticas no entran ni podrán demostrar nunca nada. El concepto de Dios está fuera de la ciencia.

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