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miércoles, 2 de marzo de 2011

Los budas gigantes de Bamiyan

Los monumentales budas de Bamiyan, tristemente destruidos por los talibanes en 2001 después de sobrevivir casi intactos durante 1.500 años, no eran del color de la piedra, sino que resplandecían antiguamente con fuertes colores. Restauradores de la Universidad Técnica de Munich han analizado cientos de fragmentos de las estatuas que el gobierno islamista talibán hizo saltar por los aires y han comprobado que, originalmente, habían sido pintadas en colores brillantes como el rojo, el blanco y el azul. Además, los científicos han conseguido fijar, por primera vez y de forma fiable, la época de su creación, que situán entre los años 544 al 595 para el buda pequeño, mientras que mayor se construyó entre los años 591 al 644. Los investigadores también han quedado impresionados por su brillante método de construcción.
La consternación en todo el mundo fue muy grande cuando, en marzo hará diez años, fanáticos talibanes hicieron saltar por los aires las dos gigantescas estatuas de buda que, desde el siglo VI, dominaban el valle de Bamiyan en el actual Afganistán. Situadas en la Ruta de la Seda, las dos obras de arte de 55 y 38 metros de altura fueron hasta el siglo X el centro de uno de los monasterios budistas más grandes del mundo. Miles de monjes cuidaban de innumerables lugares de culto en los nichos y grutas excavados en el kilométrico acantilado.

Expertos europeos y japoneses se esfuerzan, desde el derrocamiento del dominio talibán, por orden de la UNESCO y coordinados por el Consejo Internacional de Monumentos y Yacimientos (Icomos), en asegurar los restos de las estatuas y volver a hacerlas accesibles. Científicos de la Cátedra de Restauración, Tecnología del Arte y Ciencias de la Conservación han investigado durante año medio varios cientos de estos fragmentos. Sus conclusiones no sólo ayudan a la comprensión de este patrimonio de la humanidad sino que podrían hacer posible el ensamblaje de las piezas recibidas.

Entre los detalles descubiertos se encuentra el color. Los budas «tenían un aspecto de intenso colorido», dice el catedrático Erwin Emmerling. Su equipo ha descubierto que las estatuas fueron repintadas varias veces, posiblemente porque los colores perdían su intensidad. Los ropajes exteriores, los Sangati, resplandecían por la parte interior en azul oscuro, por la parte superior en rosa y, más tarde, en un naranja claro. En una fase posterior se pintó el mayor de los budas en rojo y el pequeño en color blanco; la parte interior de los ropajes se reparó con un azul claro. La reconstrucción gráfica de los investigadores confirma las viejas tradiciones transmitidas: Ya en fuentes del siglo undécimo se hablaba de un buda rojo y otro de un blanco lunar. Las demás partes de las figuras tenían, posiblemente, una primera capa o imprimación blanca pero no se puede documentar de forma fehaciente.

Como la porcelana
Los investigadores también creen que las estatuas se obtuvieron picando el acantilado. Sin embargo, la piel exterior con las ondulantes vestimentas fue construida por los obreros con barro que se aplicó en dos o tres capas. «Los restos muestran una destreza sorprendente. Son superficies lisas, perfectas, una calidad que solamente poseen materiales tratados con fuego, como la porcelana», dice Emmerling. Los restauradores encontraron en el barro paja y paja cortada que absorben la humedad, pelo animal que confiere al revoque una estabilidad como si fuera fibra de vidrio, así como cuarzo y otros aditivos. Las capas interiores de revoque se mantuvieron fijas mediante cuerdas. Así crearon los antiguos operarios capas increíblemente gruesas de hasta 8 centímetros. «Algunas partes resistieron incluso la voladura», se sorprende Emmerling.

Los equipos de Icomos han almacenado los escombros en naves provisionales en el valle de Bamiyán, pero la piedra es porosa y puede dañarse, así que los científicos están desarrollando una técnica de silicio orgánico para su conservación. Además de esto, los restauradores trabajan en un modelo 3D del acantilado que muestra todos los escombros en su lugar primitivo. Emmerling mantiene que una reconstrucción del buda pequeño sería básicamente posible. En cuanto al buda mayor, existen muchas más dificultades. Pero su regreso no solo se enfrenta a problemas técnicos, sino también a obstáculos políticos. En marzo se debatirá en una conferencia en París sobre el destino posterior de los budas.

Fuente:
ABC

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