martes, 3 de mayo de 2011

El «terrorista global» y sus leyendas apócrifas

Osama Bin Laden, a la derecha de la imagen, con dos amigas españolas en su visita a Oxford. Tenía 14 años.
Hablaba a sus seguidores de la muerte en la lucha armada contra los occidentales «con el mismo entusiasmo con que algunos jóvenes plantean irse de discotecas», dijo de Osama bin Laden a finales de 2001 el jefe de los servicios secretos saudíes, el príncipe Turki, que mantuvo muchas entrevistas con el fundador de Al Qaida antes de los atentados del 11-S. Tenía Osama, según coinciden todos los que le trataron antes de que desapareciera en la frontera afgano-paquistaní, una personalidad «tranquila, gentil», pero firme en su convicción intelectual de que había nacido para liberar a los pueblos árabes del «yugo de los infieles» para instaurar el Califato Mundial.

La vida y las declaraciones de Osama bin Laden están registradas con taquígrafo desde los ataques contra Estados Unidos, hace ahora casi una década. Pero los años anteriores, y en particular los de su infancia y juventud, están rodeados de misterio. El mismo que acompañará ahora el destino final de sus restos mortales, para evitar —como ocurriera con las cenizas de Hitler— que su tumba se convierta en lugar de peregrinaje de los radicales musulmanes.

Osama bin Laden, de 54 años, fue hijo único de la décima esposa de uno de los empresarios más acaudalados de Arabia Saudí. Su padre, Mohamed bin Wad bin Laden, de origen yemení, tenía excelentes relaciones con la Familia Real saudí. Sus autopistas y obras públicas —con el rutilante apellido Bin Laden— aparecen aún hoy por todos los rincones del reino wahabí.
Un «asceta» prolífico

El «patriarca del acero» tuvo 54 hijos y muchos divorcios, en la más rancia tradición de las familias ricas del reino de los petrodólares. Mohamed bin Laden murió en 1967 en un accidente de avioneta en Arabia Saudí, por un error de su piloto norteamericano. Algunos quieren ver en este episodio el origen del odio de Osama a Estados Unidos, algo insólito si se considera que Mohamed se divorció de la madre del líder de Al Qaida poco después de que éste naciera.

El hermanastro mayor, Salem, murió por ironías de la historia en 1988, en circunstancias similares: estrelló su avioneta contra una central eléctrica en la ciudad norteamericana de San Antonio. Los hermanos Bin Laden, entre ellos Osama, se repartieron así el imperio económico. Esa circunstancia —sumada a otras como las ingentes cantidades de dinero que han llegado a Al Qaida a través de fundaciones islámicas— explican la fortuna que nunca ha faltado a Osama, aunque la leyenda le ha dibujado en los últimos años como una especie de San Juan Bautista musulmán, vestido de pieles y alimentado de langostas en algún lugar ignoto de las montañas pastunes.

Osama, el eremita-caudillo, tampoco renunció a los privilegios de un buen musulmán adinerado. En 2002 constaba que el fundador de Al Qaida estaba casado con cuatro mujeres —el máximo de esposas que permite el Corán— con las que habría tenido más de 20 hijos.
El punto de inflexión

La infancia de Osama bin Laden fue la normal de un niño saudí de buena familia. Entre 1968 y 1976 estudió en un colegio de élite de Riad. A continuación se matriculó en la Universidad Rey Abdulaziz de la capital saudí. Y aquí vuelve a abrirse el misterio curricular. Algunos afirman que se graduó en Ingeniería, otros que en Administración de Empresas; y en fin, no falta quien afirma que no terminó los estudios porque se sintió abducido por sus grandes aficiones: el estudio del Corán, la interpretación de la «yihad» —la guerra santa musulmana— y la poesía.

A diferencia de la mayor parte de los jóvenes de la clase alta saudí, Osama bin Laden no se sintió atraído ni por las universidades europeas ni por los atractivos de su cultura noctuna. Los hagiógrafos de las páginas web islamistas subrayan el compromiso del líder de Al Qaida con la «causa de la religión», desde la infancia hasta el descubrimiento de las técnicas militares y pirotécnicas durante la guerra en Afganistán contra los soviéticos. Allí su retórica, la estatura —1,83 metros— y el ardor guerrero de Osama como líder militar de sus comandos yihadistas, contribuyó a alimentar la leyenda de «enviado del cielo». Y convenció a la CIA de que debía financiar su actividad bélica.

«Era muy educado, tranquilo y tímido», ha dicho de él su profesor de inglés en el colegio de Riad, Brian Fyfield-Shyler,. «Algo debió de ocurrir —añade— durante su estancia en Afganistán con los norteamericanos para que acumulase tanto odio contra Estados Unidos». La fórmula comercial de ese sentimiento visceral la resumía en algunos de sus mensajes el propio Bin Laden: «Cuando compramos productos norteamericanos estamos siendo cómplices del asesinato de los palestinos».
«Fan» del Arsenal

En un artículo de septiembre de 2005, «The Times» desveló algunas de las pocas debilidades pro-occidentales que se conocen a Bin Laden. La más ingenua: el «tour» europeo que Osama hizo por Europa con su familia siendo un adolescente, con el detalle tan inglés de que era seguidor del equipo de fútbol del Arsenal, aunque no consta que llegase a disfrutar de algún partido en su estadio de Highbury.

Se supo también que Bin Laden había tanteado la posibilidad de obtener asilo político en el Reino Unido a finales de 1995. El líder de Al Qaida se sentía urgido por abandonar su base en Sudán y tenía ya en su cuenta varios ataques terroristas a bases militares de Estados Unidos en el extranjero. El ministro del Interior, Michael Howard, denegó la solicitud de asilo, pero ¿hubiera cambiado esa decisión la historia posterior del líder terrorista global?

Fuente:
ABC

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