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viernes, 3 de junio de 2011

La extraña lluvia de cristales verdes

El telescopio espacial Spitzer de la NASA ha detectado unos extraños cristales de color verde brillante, formados por un mineral llamado olivino, que caen como una lluvia sobre una estrella emergente en la constelación de Orión. Es la primera vez que estas pequeñas gotas han sido observadas en las nubes polvorientas de gas que se forman alrededor de las nuevas estrellas, protagonizando un inesperado fenómeno cósmico. Los astrónomos aún debaten sobre cómo los cristales han podido llegar hasta ahí, una zona muy fría en la que es imposible que se formen, pero creen que los culpables más probables son chorros de gas disparados desde la propia estrella embrionaria. La investigación aparece publicada en Astrophysical Journal Letters.

«Se necesitan temperaturas tan calientes como la lava (700 grados Celsius) para formar estos cristales», ha afirmado el investigador principal del estudio, Tom Megeath, de la Universidad de Toledo en Ohio (EE.UU.). «Creemos que los cristales se 'fabricaron' cerca de la superficie de la estrella en formación, para a continuación ser transportados a la nube de alrededor, donde las temperaturas son mucho más frías (-170 grados Celsius). Finalmente, cayeron de nuevo como centellas».

También en los cometas

Los detectores infrarrojos de Spitzer descubrieron la extraña lluvia de cristal alrededor de una estrella embrionaria parecida al sol, denominada HOPS-68. Los cristales pertenecen a una familia de minerales de silicato que se puede encontrar en muchos lugares, desde las playas de arena verde de Hawai a las galaxias remotas. Las misiones de la NASA «Stardust» y «Deep Impact» los han detectado en sus acercamientos a cometas.

El descubrimiento también podría explicar por qué los cometas, que se forman en las frías fronteras de nuestro sistema solar, contienen el mismo tipo de cristales. Los cometas nacen en regiones donde el agua se congela, mucho más frías que la temperatura abrasadora necesaria para formar estos cristales. Los científicos sospechan ahora que, de igual forma, chorros de gas disparados por el Sol pudieron «regar» las regiones exteriores de nuestro sistema solar en formación. Finalmente, los cristales se congelaron en los cometas.

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