domingo, 17 de julio de 2011

V Alerta OVNI SEAMP

De nuevo al camino. De nuevo al raso. Una vez más nos preparamos y adentramos en la aventura de esperar lo inesperado. Con la curiosidad viva aún por descubrir. Con nuestras miradas predispuestas hacia aquello que el negro cosmos nos pudiera deparar, asomados al vértigo de sus profundidades insondables. Esta es la crónica de una noche más, tal vez, pero única como cada una.

Sábado 16 de Julio de 2011.
V ALERTA OVNI SEAMP
20:00 horas.

Unos recogen a otros, otros quedan con unos, y todos en la misma dirección. Así fuimos reuniéndonos hasta formar el pequeño equipo de observadores aquella tarde. Las diversas vicisitudes cotidianas no siempre favorecen el que podamos acudir todos a un evento así. Cuando enfilamos la recta carretera de La Esperanza, en dos vehículos, nos dirigíamos al Parque Nacional Cañadas del Teide Josephine Mateos, Beatriz Herrera, Any Torres, Fernando Álvarez y quien esto relata.
Por conocido que fuera el camino y nuestro destino, queríamos llegar con tiempo allí, antes de que callera la noche. En pleno corazón del parque no existe la más mínima iluminación artificial, y queríamos posicionarnos cuando aún pudiéramos ver con claridad.

20:55 horas

Hacia escasos minutos que dejamos atrás la corona forestal, el denso pinar que bordea las zonas altas de la isla. Nos encontramos recorriendo las suaves carreteras que discurren por las cumbres del Valle de La Orotava, a unos 1.900 metros de altitud, cuando nos percatamos del hermoso espectáculo que a nuestra derecha se formaba. El sol, de un color naranja intenso, se acercaba al horizonte formado por un interminable mar de nubes, a través del cual emergía La Palma, como si la isla vecina flotara entre ellas. Una preciosa visión que obligó a parar nuestro paso, a romper un poco el itinerario y contemplar el majestuoso ocaso que nuestra amada tierra nos regalaba.

21:30 horas

Al llegar al breve apartadero que se encuentra en pleno Llano de Ucanca, vimos un par de vehículos allí aparcados. Pero por suerte para nosotros, sus ocupantes no tenían nuestras mismas intenciones, de modo que pronto nos quedamos solos.
Ubicamos nuestros bártulos en el empedrado murete que delimita aquel rellano con el valle. La cámara de fotos, prismáticos, linternas, un pequeño portátil con el software necesario para seguir la derrota de los objetos celestes y algo de comer.

Nos sorprendió gratamente comprobar que la temperatura debía rondar los 18 grados. Siendo una zona subalpina y en pleno verano, la brisa era muy suave y algo seca.

Sobre nuestras cabezas, empezaban a tintinear las primeras estrellas. La Luna, aunque ya sobre el horizonte, aún no había despuntado sobre la cordillera del “Anfiteatro”, y este nos resguardaba aún de su deslumbrante presencia. Por tanto aprovechamos para orientarnos en el mapa celeste. Rápidamente, prácticamente sobre nuestra vertical, identificamos el inconfundible brillo de Saturno. Hacia el noroeste la Osa Mayor se dibujaba poco a poco. Hacia el este, muy alta ya, la constelación de La Lira. Vega, su estrella más brillante, nos indicaba que cercana debía encontrarse la constelación de El Cisne.

Una vez ubicados en el trocito de cielo que podíamos contemplar y acercándose la hora de la cena, decidimos comer algo.

22:05 horas

Un brillo muy tímido que viajaba en dirección sureste nos animó a elevar la vista. Pudimos observarlo a través de los prismáticos y por el brillo y el movimiento de derrota concluimos que se trataba de un satélite artificial. Tras comprobarlo posteriormente en la base de datos con que contaba el software utilizado en nuestro ordenador, concluimos que debía tratarse del Atlas Centaur 2, un viejo satélite de investigación de La NASA, lanzado en 1963.

Algunas estrellas fugaces también habían hecho acto de presencia.

22:13 horas

Nos percatamos de otro objeto luminoso en el firmamento. En esta ocasión volaba muy alto en dirección noreste. Brillo y derrota similar al anterior. Según nuestro software podría tratarse del Suzaku (Astro-EII), un satélite de fabricación japonesa, cuya misión es estudiar el cielo en el rango de los Rayos X. Este objeto fue lanzado en julio de 2005.

Seguimos escrutando los cielos, mientras charlamos de todo y de nada. La temperatura agradable, la suave brisa, la calma incitaba al relax más absoluto.

Un vehículo aparece en el apartadero. De él se apea una señora que decidida se nos acerca preguntando sobre la posición en la que saldrá La Luna. Sin duda una amante, como nosotros, de la magia de la noche. Le informamos de que saldrá prácticamente a nuestras espaldas y de que, desde nuestra posición lo hará en breve. En unos minutos, perdimos de vista a la señora y a sus acompañantes.

22:49 horas
Un objeto, no demasiado brillante, atraviesa el cielo sobre nosotros en dirección claramente este. La base de datos nos arroja un dato que nos resulta curioso. No se trata de un satélite artificial, sino del HST, el célebre Hubble Space Telescope.

22:52 horas

Cuando apenas habíamos terminado de anotar los datos anteriores, otro nuevo objeto irrumpe en la bóveda celeste. Viajando muy alto, pasa cerca de la posición en la que se encuentra Saturno y desaparece atravesando la constelación de la Osa Mayor, en dirección norte. El software nos apunta hacia el SL-3 R/B, un satélite de fabricación rusa.

Nos ponemos en contacto con el centro de mando, ubicado en Madrid, dirigido por Juan Miguel Marsella, presidente de la SEAMP. Nos comentamos mutuamente las escasas incidencias de la noche. Sin novedad aún.

23:30 horas

La Luna irrumpe en el que considerábamos ya nuestro observatorio privado. Comenzando la fase de cuarto menguante, su brillo iluminó la majestuosa figura del Teide.
Varios vehículos se habían apostado en aquel rellano de la carretera, cuando recibimos una llamada telefónica. Unos amigos, del equipo de investigación Dimensión 097, se habían dirigido hasta el Llano de Ucanca con la idea de reunirse con nosotros, y nos buscaban. La oscuridad, pese a la notable presencia de nuestro satélite, les había impedido percibir que habían aparcado a escasos metros de nuestro improvisado campamento.

La charla, en su presencia, se anima. Son viejos conocidos de S.A.I.P. Clave7 y es inevitable que viejas anécdotas salgan a relucir, para el divertimento de los presentes.

La noche avanza y con ella la implacable luminosidad que arroja a su paso “Selene”, eclipsando el brillo de las lejanas estrellas tras de sí. Pasaba ya la media noche y del cosmos no surgían más indicios que motivaran nuestras pesquisas informáticas. Decidimos dar un respiro al ordenador portátil.
Por algún lance que no somos capaces de explicar, el móvil de Fernando Álvarez se apaga irremisiblemente. Nos ponemos en contacto con Madrid para comunicarle este hecho y notificarle un nuevo teléfono de contacto.

00:00 horas

Casi de reojo, percibimos unos extraños flashes en el horizonte, hacia el suroeste. Trasmitimos el hallazgo al resto del grupo, para comprobar si los demás lo habíamos percibido. Así había sido. Uno de los amigos de Dimensión 097 nos confirmó que se trataba de los fuegos artificiales de las fiestas regionales del municipio de Arona. Cosa que pudimos corroborar en seguida, tras escuchar unas lejanas explosiones tras cada fogonazo.

00:30 horas

Algunos de nosotros decidimos adentrarnos en la explanada que se abría, a escasos metros, bajo nuestros pies. Tomando distintas direcciones, nos dejamos llevar simplemente, dibujando una línea errática hacia algún punto, en medio de la caldera de aquel gigantesco cráter. Tomando como punto de referencia el impertérrito cono volcánico que se levantaba aún unos 1.700 metros sobre nuestras cabezas.

Atrás iban quedando las voces del grupo, que seguían su amena charla. Las retamas, dibujaban extrañas sombras sobre el suelo arenoso. La forma redondeada, similar a un casco, que adopta este tipo de vegetación, haciéndolas más densas y fuertes para soportar las inclemencias climáticas de aquellas altitudes, conferían un mágico aspecto al llano en aquel momento. A medida que ponía distancia entre la carretera y yo, el crepitar de mis pasos pasaba a convertirse en el único sonido que llegaba a mis oídos. Tras una larga caminata en la que perdí por completo la noción del tiempo, la sensación de inmensidad me absorta por completo, hasta el punto de obligarme a parar. Volviendo la vista lentamente a atrás, en un giro meditado, me sobrecoge el paraje que se abre ante mis ojos. Completamente solo, casi en el corazón de aquella hondonada, bordeada por la sombra, bien perfilada por La Luna, de una cordillera interminable. Un silencio absoluto que provocaba la sensación de que allí el tiempo era una dimensión sin la más mínima influencia. Miraba a mí alrededor como quien pisa por primera vez la superficie de un planeta ignoto. Como si solo existiera yo, en medio del infinito universo sobre el que parecía colgar boca abajo. Y quise gritar... Pero, quien era yo para romper aquella armonía. Así que, desde lo más profundo de mi pensamiento, lance una llamada, cual naufrago en una isla desierta: ¡ESTOY AQUÍ! ¿HAY ALGUIEN AHÍ FUERA?

3:00 horas

No volvimos a tener noticias desde Madrid. Los amigos de Dimensión 097 habían abandonado el lugar hacía ya una hora. El cansancio pudo con nuestro ánimo, pese a intentar derrotar la charla por otros vericuetos. La sensación térmica había cambiado, motivo por el cual nos pusimos nuestros abrigos. Nada anómalo había roto la calma de la velada. Tal vez, solo tal vez, llegaba el momento de marcharnos. Y así lo hicimos.

Como siempre, sin dejar huella de nuestro paso. Mostrando el debido respeto a la naturaleza que ha dado cobijo a la locura de esta noche.


Nuevos Datos

En el momento de transcribir la presente crónica, recibimos la noticia de un posible avistamiento. Viene de la mano de unos amigos de S.A.I.P. Clave7, Mariló Tejelo y su compañero, quienes habían tomado la atrevida decisión de seguir la ALERTA OVNI desde la azotea de su casa, sita en la punta noroeste de la isla. Desde allí, a eso de las 22:45 horas, llegan a percibir una luz, un potente flash de color azulado que se enciende de pronto a una altura relativa, cercana a la posición de la constelación de La Osa Mayor. Algo que desaparece tan repentinamente como apareció. La describen “como si nos hubieran sacado una foto desde la atmosfera”.

Nosotros tuvimos en todo momento en nuestro campo de visión la zona del firmamento que mencionan nuestros amigos y no llegamos a percibir ese estallido de luz que comentan. La noche estaba totalmente despejada, tanto desde nuestra posición como desde la suya. Si se hubiera tratado de un bólido hubiera sido perceptible desde donde nos encontrábamos. De hecho pudimos ver, algo más temprano, hacia el oeste, uno de esos grandes trozos de meteorito. Tan brillante como para poder percibirlo minutos antes del atardecer.  Pero estos objetos son tan rápidos que en segundos se pierden de vista y pueden pasar desapercibidos, incluso para un nutrido grupo de gentes.  No tenemos una explicación contundente para lo que nuestros amigos dicen haber visto.

Texto y Fotos: Carlos Soriano

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