miércoles, 3 de agosto de 2011

El avistamiento de ovni más famoso de Europa resultó ser una farsa

Del suceso pasaron 21 años. Y sigue siendo recordado. No sólo porque causó un enorme alboroto mediático. Cientos de testigos ya no describieron a los clásicos platos voladores sino a unos raros triángulos negros que sobrevolaron el país europeo, curiosamente sin desbordar nunca sus fronteras. Otro detalle relevante: en pos de aclarar el enigma, los ufólogos de la Sociedad Belga para el Estudio de Fenómenos Espaciales (SOBEPS) mantuvieron una estrecha colaboración con las Fuerzas Armadas de ese país.

La oleada belga fue conocida gracias a una fotografía emblemática -tomada la primera semana de abril de 1990- que difundió la forma triangular de estos objetos. Esta escena fue capturada en Petit-Rechain, cerca de Verviers, provincia de Lieja, por un joven fotógrafo aficionado de quien sólo se conocían sus iniciales (P.M.). La foto muestra un triángulo negro recortado contra un fondo azul oscuro. Se advierten cuatro manchas de luz blanca en cada esquina y una cuarta luz central, rodeada de una aureola rojiza.


Si aquella imagen mostraba el fenómeno sobre el cual todo el mundo hablaba, era natural que provocara escalofríos: aquel triángulo inmenso había pasado justo por encima del observador, cuya fotografía captó muchos detalles de la "panza" del objeto, especialmente lo que parecían ser "luces de posición". Si, al revés, era un fraude, el falsificador se había tomado el trabajo de respetar los patrones descriptos por los testigos, quienes mencionaban una estructura triangular dotada de poderosos reflectores y una luz o girafaro rojo-anaranjado en el centro.

Así, la fotografía de Petit-Rechain fue presentada como un poderoso documento. Más cuando el primer caso de la oleada, unas luces nocturnas vistas desde un puesto de Gendarmería en la región de Eupen el 29 de noviembre de 1989, se reducía a la combinación entre una posible confusión de un avión comercial y la brillante presencia del planeta Venus, según concluyó el investigador belga Wim Van Utrecht.

Al mismo tiempo, la revista Science et vie señalaba que vuelos del caza invisible F117A u otros prototipos "furtivos" eran los responsables de la histeria. Una hipótesis dura de roer. ¿Tenía sentido que echar a volar a aviones sobre áreas densamente pobladas sin autorización del Ministerio de Defensa de un país de la OTAN?

La SOBEPS, la organización ufológica que consagró el carácter misterioso de la foto de Petit-Rechain, encargó a su principal experto, Patrick Ferryn, que tratara de reproducir la imagen. No lo consiguió y estuvo entre los primeros en apoyar la extrañeza de la imagen. El análisis digitalizado permitió apreciar la textura de cada píxel y la forma real del objeto, que no se trataba de un triángulo perfecto sino de un polígono o de un triángulo con sus vértices perfilados. Otro estudio, a cargo de técnicos de la Escuela Real Militar de Bruselas, supervisados por el profesor Marc Acheroy, informó que el presunto ovni "no mostraba un centro de rotación común en los tres focos blancos", indicando que las luces se movían "por su cuenta" y no necesariamente formaban parte del objeto, cualquier cosa que esto pudiera significar.

Por entonces, era incómodo cuestionar la credibilidad de la imagen. La foto iba a ilustrar la tapa del "gran libro de la oleada" de la SOBEPS y el mismo grupo ufológico ofrecía estas fotografías a revistas de todo el mundo, como a la Argentina Conozca Más (que llevó la foto a la portada).

Por aquellos años, una de las pocas voces disonantes fue la del ufólogo Franck Boitte, quien enumeró varias razones para pensar en un trucaje: las discrepancias que había entre el relato del fotógrafo y el de su novia, las notables diferencias que había entre el objeto fotografiado y el descrito, la sugestiva desaparición de una segunda foto y la ausencia de detalles del fondo de la imagen (imposibilitando verificar la distancia y el tamaño real del objeto). Para Boitte, sólo faltaba la confesión de fraude. Sus compañeros de la SOBEPS, en cambio, creían que el áura rojiza que rodeaba la luz central eran "chorros de plasma que revelarían el sistema de propulsión del objeto".

Veintiún años después del hecho, el fotógrafo P.M. reveló llamarse Patrick. Y, aunque sigue sin dar su apellido, decidió contar "la verdadera historia" de la fotografía.

Patrick, un ex fabricante de tornos en la región de Verviers, confesó que hizo el "ovni" con un panel de refrigerador pintado y equipado con proyectores. Una noche salió de su casa y fotografíó la maqueta contra el cielo nocturno. Sólo tenía 18 años y dice que lo hizo "para divertirse".

Como suele pasar en este tipo de bromas, cuando difundió la foto jamás imaginó que su juego iba a tomar tanto vuelo. Una vez en el aire, dar marcha atrás es complicado. ¿Por qué decidió revelar el secreto ahora? Patrick, quien contó su secreto a un periodista de la cadena de televisión RTL-TVI, contestó que "algún día lo tenía que decir". Cuando le pidieron que redondeara una conclusión, Patrick comentó su perplejidad ante lo fácil que le resultó engañar a tantas personas con una maqueta.

Los escépticos ahora se preguntan si la SOBEPS no debería dar explicaciones. Pero aquel grupo ya no existe. El 31 de diciembre de 2007, Michel Bougard, su presidente, se despidió con un "Esto fue todo amigos". La entidad bajó sus persianas por problemas financieros. Hoy, otro grupo llamado COBEPS (Comité Belge pour l'Étude des Phénomènes Spatiaux or Belgian Committee for the Study of Space Phenomena) continúa su derrotero.
¿Qué opinarán de la confesión del autor de la foto que ilustra los dos enciclopédicos libros que han publicado sobre la famosa oleada?

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