martes, 9 de agosto de 2011

Hallan elementos del ADN en algunos meteoritos

Los meteoritos que caen en la Tierra llegan con importantes pistas sobre los elementos químicos que había cuando el Sistema Solar se estaba formando y cada vez hay más evidencias de que pudieron participar en el origen de la vida. En los últimos años, se han encontrado aminoácidos en su composición, pero no se había logrado confirmar la existencia de núcleobases, los 'ladrillos' del ADN y el RNA, hasta ahora. 


Una investigación, publicada en la revista 'Proceedings of National Academy os Science' ha concluido que estas nucleobases sí que pueden tener un origen extraterreste porque los hay en gran cantidad y diversidad en algunos de los meteoritos estudiados, 11 condritas y una ureilita. En las condritas carbonáceas, un tipo de meteorito muy rico en elementos orgánicos, ya se localizó hace unos años la presencia de aminoácidos, que son la base de la formación de las proteínas. En algunas también se habían detectado nucleobases, pero no se tenía la certeza de que no procedieran de una contaminación terrestre. 

Los investigadores, dirigidos por Michael P. Callahan, de la NASA, y James Cleaves, del Carnagie Institute, analizaron y purificaron las muestras con una nueva técnica espectroscopica. Sólo dos de las condritas habían sido estudiadas previamente. Finalmente, encontraron que dos de los meteoritos tenían un gran número de nucleobases, y de una gran diversidad. Incluso había compuestos similares, pero que no eran lo mismo, a los que llamaron 'análogos a las nucleobases'. Tres de estos últimos, además, son muy raros en la Tierra y, de hecho, no se encontraron en las cercanías del lugar donde habían caído las piedras del espacio. Los autores del trabajo están convencidos de que sólo este hecho prueba que su origen es extraterrestre, pero para confirmarlo decidieron realizar algunos experimentos que lo probaran. Consistieron en reproducir las nucleobases y sus análogos creando las mismas reacciones químicas, gracias al amoníaco y el cianuro, que se producen en el espacio exterior. 

Recreación en el laboratorio 
El resultado fue el esperado: sus nucleobases sintéticos eran prácticamente iguales a las de los meteoritos, y la diferencia podía deberse a que estos últimos habían estado viajando por el espacio. Estos resultados tienen implicaciones de gran envergadura, según Jesús Martínez-Frías, del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA). "Es una prueba más de que vivimos en un planeta abierto al exterior y que lo que hay fuera ha afectado a lo que ha ocurrido en la Tierra". También destaca su importancia la investigadora Susana Iglesias Groth, del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC). "Trabajos como éste nos dicen que el Universo aporta una formación de moléculas más evolucionadas de lo que se pensaba". Iglesias Groth en 2008 encontró naftaleno en una estrella de la constelación Perseo. 

Poco después de publicar su hallazgo, un grupo de científicos lograron generar 13 aminoácidos, de los 20 que forman la vida, con naftaleno, amoníaco, hielo amorfo y una radiación ultravioleta. "Estoy convencida de que la vida surgió de forma espontánea de forma más sencilla de lo que se piensa, con reacciones químicas que no eran extrañas", asegura. De hecho, recuerda que hace miles de millones de años, en el Sistema Solar caían muchos más meteoritos que ahora, por lo que las probabilidades de que se crearan estos 'ladrillos' de la vida eran mayores. 

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