sábado, 10 de septiembre de 2011

Cementerio de San Juan Bautista: La Memoria de los Desaparecidos


En pleno corazón de San Cristóbal de La Laguna, en Tenerife (Islas Canarias), rodeado actualmente de populosas urbanizaciones, está enclavado uno de los mayores exponentes de la memoria histórica de la isla. El Cementerio de San Juan Bautista.

Inicialmente fue este el motivo de nuestra visita al camposanto. Hacer un repaso y breve homenaje a cuantos personajes que allí yacen, y que formaron parte de la historia más reciente de la ciudad de “Los Adelantados”. Sin embargo, nos encontramos con algo inesperado. Desconocedores de lo que allí había acontecido tan solo unos meses antes, detectamos “algo”, y que tras las indagaciones posteriores, nos dejaron más perplejos si cabe.

El cementerio fue fundado en 1814. Pero en 1903 se hizo necesario ampliarlo, comprando una parcela anexa al mismo. En 1932 se le anexó también un pequeño recinto para los “no católicos”, situado en el lateral derecho del recinto. Entre los muros de este camposanto fueron a parar los restos de muchos laguneros hasta 1988, momento en que se prohibió realizar más enterramientos, tras la apertura del nuevo cementerio de San Luis.

Los amantes del arte pueden encontrar allí mausoleos con interesantes esculturas, cuya factura se remonta finales del siglo XIX y comienzos del XX. Posee un gran valor artístico, presente en las figuras y ornamentos de sepulturas y panteones de personajes ilustres de La Laguna, como Juana Rita Porlier y Castilla, condesa del Valle Salazar, e hija de la novena nieta del rey Pedro I de Castilla, Juana de Castilla. También reposan allí los restos de Núñez de la Peña, un tío de José Peraza de Ayala, y del  poeta José Tabares Bartlett.

Desgraciadamente también se hace latente, por el mal estado de algunos nichos y panteones, el vandalismo que debió sufrir tras su cierre. Esto fue denunciado en los alrededores del 2002, instando a un inmediato acondicionamiento, pese a que fuese declarado unos dos años antes como Bien de Interés Cultural.

El camino principal conduce a una pequeña capilla de estilo claramente neoclásico.

En 2007 saltan a la prensa las investigaciones de Alfredo Mederos, Profesor Emérito de la Universidad de La Laguna. Mederos, al ser nombrado presidente de honor de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Tenerife, y tras la aprobación de la referida y polémica ley, realizó una serie de pesquisas que le llevaron a situar en el cementerio de San Juan la posible ubicación de una fosa común poco ordinaria. Según sus investigaciones, allí podrían reposar los restos de una decena de personas desaparecidas durante la alzada al poder del franquismo.

De esta investigación, se desprenden los siguientes nombres, personajes socialistas, contrarios al régimen de Franco y supuestamente asesinados por esta causa. De todos ellos se encontraron requerimientos emitidos por el Juzgado Militar de la época.

Guetón Rodríguez Melo: 19 años, hijo de Luis Rodríguez Figueroa, abogado, poeta republicano y diputado en las Cortes por Izquierda Republicana. Coincidiendo con las Olimpiadas de Berlín 1936, y en desacuerdo con la política nazi de Adolf Hitler, Guetón solicitó acudir a la olimpiada alternativa organizada en la primavera de ese mismo año en Barcelona. Su nombre aparece en una de las requisitorias en posesión de Alfredo Mederos.

Domingo Cruz Cabrera: 40 años, fundador de Barrio Nuevo, donde hoy en día tiene un busto en reconocimiento a su labor para el desarrollo de dicho núcleo. Era socialista y también existe una requisitoria con su nombre.

Domingo García Hernández: Obrero comunista y concejal. Alfredo Mederos tiene en su posesión una requisitoria pública con su nombre.

Honorio de Armas Fernández: Hermano de Cristino de Armas, uno de los fundadores del PSOE en La Laguna. El Juzgado Militar emitió una requisitoria pública a su nombre.

Alfonso Martín Power: Conocido popularmente como "El Chicharrero". Fue sacado de la cárcel el mismo día que Domingo Cruz. Durante los años de República vivió en La Laguna. Tenía tendencia poética.

Jacinto Silvela Peña: Vecino del barrio de San Juan, fue un hombre muy popular en su época hasta que desapareció de la noche a la mañana.

Además de estos seis nombres, Alfredo Mederos también posee datos que sitúan a Luis Figueredo Rojas y a Juan Martínez Escobar entre los hombres que podrían estar en las citadas fosas, si bien los testimonios acumulados no permiten una identificación plena.

Mederos solicitó los debidos permisos para realizar las prospecciones oportunas en el interior del camposanto, por un total de diez personas desaparecidas. Algo que supuso una gran polémica. Puesto que alguno de los descendientes de estas personas reclamaron por diferentes vías la exhumación y búsqueda de sus familiares. Mederos, autor de diversas investigaciones acerca de la represión franquista, aseguraba que algunos documentos de la época demuestran la persecución de la que los represaliados fueron objeto. De este modo, destacaba que la Justicia de aquellos años emitió órdenes de búsqueda y extendió multas a estas víctimas incluso cuando ya habían fallecido. Unos costes que fueron abonados por sus familiares.

Pero Mederos no vería realizada su intención hasta cuatro años después.

El 15 de febrero de 2011 se inician las excavaciones en el interior del cementerio por parte de todo un equipo de arqueólogos, historiadores y bioantropólogos de la Universidad de La Laguna,  comandados por el profesor Miguel Ángel Clavijo, que duraron aproximadamente un mes. Tras la recuperación de los posibles restos, se realizarían los debidos análisis de ADN para su correcta identificación. Se escogieron tres enclaves determinados, como puntos donde podría estar ubicada la conflictiva fosa.

El primero de ellos estaba junto a la capilla. Conocido como el Pozo de Cal. Pero no hallaron a los desaparecidos.

Posteriormente se trasladaron a la zona conocida popularmente como “la cherche”. Este curioso vocablo viene del inglés Church (Iglesia), y se trata de la zona anexada al cementerio en 1932 para enterrar allí a aquellos no acólitos al catolicismo. Es curioso reseñar que en este lugar se encontraron las fosas de varios neonatos. Hay que tener en cuenta que justo tras los muros de este pequeño cuadrilátero, en el interior propiamente dicho del cementerio, se encuentra la zona de enterramiento de niños fallecidos antes del bautismo.  Amén de esta circunstancia, poco más pudo encontrar el equipo de investigadores que les diera pistas.

El tercer punto de excavación fue una fosa común que está situada en el lateral izquierdo del camposanto.  Fue justo este punto donde nuestra visita al cementerio de San Juan Bautista, se hizo más interesante. Nos condujo hasta allí Pedro, quien actualmente se encarga de las labores de mantenimiento y a quien debemos agradecer su amabilidad, puesto que atendió a cuantas preguntas y disposiciones le solicitamos.

Nos extraño que nos condujera al interior de lo que actualmente es un baño. En la pared, junto a un lavabo, se aprecia con claridad la mampostería de cemento de reciente factura que debe tapiar la entrada al “osario”. Según nos contó Pedro, que pudo apreciar parte del interior cuando fue excavada, en aquella oquedad hay miles de huesos apilados.

Nuestras miradas se centraron de pronto en el interferómetro que nuestro técnico, Juan Carlos Antúnez, llevó consigo. Este aparato mide la intensidad de campos electromagnéticos. El valor que mostraba en pantalla no dejaba de subir.

Inmediatamente, tratando de descartar que la concentración de las posibles interferencias de nuestros teléfonos pudiera ser la causa, dejamos el aparato en el interior del pequeño recinto y alejamos de allí todos nuestros dispositivos móviles. Pero la intensidad de la actividad electromagnética seguía en aumento ¿Qué estaba detectando? ¿Qué ocurría allí? Ni que decir tiene, que en aquellos momentos, no sabíamos que aquella fosa había sido objeto reciente de la investigación a la que he hecho referencia.

Sin embargo, las prospecciones realizadas en busca de los desaparecidos del régimen franquista no dieron los resultados que los familiares, y la propia Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, esperaban. Los tres puntos excavados fueron definitivamente descartados. Según los análisis de los expertos, allí no estaban.

¿Qué hizo que nuestros equipos de detección saltaran al acercarnos a aquella fosa común? En una inspección previa no vimos ningún tipo de instalación eléctrica en torno a aquel cubículo. En los manuales de parapsicología se detallan a la perfección las alteraciones de tipo eléctrica y electromagnética que suelen preceder a ciertas manifestaciones de tipo paranormal ¿Este era el caso? ¿Tal vez no era más que la sorda llamada de aquellas almas que claman por ser recordadas? No lo sabemos. 

Seguiremos nuestras indagaciones.

Texto y Fotos: Carlos Soriano

Fuentes consultadas:
Periodista y escritor tinerfeño Domingo García Barbuzano.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

.