martes, 27 de septiembre de 2011

El bulo del meteorito que nunca existió

La noticia de que un objeto espacial, cósmico o artificial, había destruido varias casas en Buenos Aires, matando a una mujer y causando heridas a otras ocho personas, corrió ayer por la red a la velocidad de un meteorito. Pero todo parece indicar que se trató de una explosión de gas, que la supuesta foto del objeto es falsa y que un avispado bonaerense se aprovechó de la expectación causada por la caída de un satélite de la NASA para desviar la atención de una instalación ilegal.

La explosión en los edificios se produjo sólo dos días después de que el satélite artificial, descontrolado, se precipitara sobre el Océano Pacífico, cerca de Canadá, después de mantener en vilo a la comunidad internacional, puesto que no se tenía total certeza de dónde iba a impactar.

En Buenos Aires, tan sólo 48 horas más tarde, algunos vecinos de los edificios siniestrados aseguraron que habían visto una bola de fuego, azulada, caer del cielo momentos antes de la explosión. Un joven incluso facilitó la foto del supuesto meteorito o, quizás, otro satélite. La alarma corrió como la pólvora en las webs, aunque los expertos mantuvieron sus dudas, y las pruebas parecen que les dan la razón.

El investigador español en meteoritos Jesús Martínez Frías, del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA) apunta que "si hubiera sido un meteorito se habrían encontrado fragmentos en los alrededores, incluso aunque se tratara de una condrita carbonosa, que es más ligera, algo debería haber quedado tras su paso por la atmósfera terrestre". Por ello, Martínez-Frías, antes de que lo confirmara la policía porteña, ya adelantaba que la hipótesis más factible era la del gas.

Tampoco en el sector aeroespacial daban credibilidad a la teoría de que pudo haber sido otro satélite artificial, de los miles que orbitan la Tierra. Francisco Lechón, de EADS-CASA, asegura que estas instalaciones no caen sin avisar. "Aun cuando están sin control, se sabe que va a caer con tiempo suficiente como para poder reaccionar y evitar daños graves", asegura Lechón.
Satélites desintegrados

Por otro lado, recuerda que los satélites artificiales suelen desintegrarse en fragmentos pequeños que, difícilmente, podrían provocar un desastre como el de las afueras de la capital argentina: "El metal que aguanta el calor tras pasar a la atmósfera terrestre es el titanio, pero siempre está en pocas cantidades que en los satélites de observación y de telecomunicaciones, la mayoría, porque es muy caro y en ningún caso son pedazos mayores que un puño".

No obstante, algunos satélites son voluminosos, como el Upper Atmosphere Research Satellite (UARS) caído el sábado pasado, que pesaba 5,6 toneladas, y que cayó en la noche del sábado al domingo en algún lugar del Pacífico sin causar daños.

En su seguimiento, además de la NASA, participaron expertos de la Agencia Espacial Europea (ESA). Ambas participan en un comité sobre basura espacial, que trabaja en detectar y evitar los riesgos de posbiles caídas. En el caso argentino, todo ha quedado en un suceso y una broma.

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