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jueves, 8 de septiembre de 2011

El oro de la corteza terrestre proviene de meteoritos

El ultra-análisis de alta precisión de algunas de las muestras de rocas más antiguas de la Tierra, llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Bristol (Reino Unido), ofrece una clara evidencia de que las reservas accesibles del planeta de metales preciosos son el resultado de un bombardeo de meteoritos que tuvo lugar unos 200 millones de años después de la formación de la Tierra. La investigación ha sido publicada en 'Nature'.

Durante la formación de la Tierra, el hierro fundido se hundió hasta su centro formando el núcleo. Este fenómeno se llevó consigo la gran mayoría de los metales preciosos de nuestro planeta -- como el oro y el platino. De hecho, hay suficientes metales preciosos en el núcleo de la Tierra como para cubrir toda la superficie del planeta con una capa de cuatro metros de espesor.

La absorción del oro hacia el núcleo debió dejar la parte externa de la Tierra carente de este metal. Sin embargo, los metales preciosos son decenas de miles de veces más abundante en el manto de silicatos de la Tierra que lo anteriormente previsto. Previamente se ha argumentado que esta casual sobreabundancia fue debida a una lluvia de meteoritos que afectó a la Tierra después de que se formara el núcleo. De esta manera, la carga completa de oro del meteorito se depositaría en el manto sin perderse en el profundo interior de la Tierra.

Para probar esta teoría, el doctor Matthias Willbold y el profesor Tim Elliott, del Bristol Isotope Group del School of Earth Sciences, analizaron rocas de Groenlandia formadas hace casi cuatro mil millones de años, recogidas por el profesor Stephen Moorbath de la Universidad de Oxford. Estas rocas antiguas proporcionan una ventana única a la composición de nuestro planeta poco después de la formación del núcleo, pero antes del bombardeo de meteoritos.

Los investigadores determinaron la composición isotópica de tungsteno de las rocas. El tungsteno (W) es un elemento muy raro (un gramo de roca contiene sólo alrededor de una diez millonésima parte de un gramo de tungsteno) y, como el oro y otros elementos, debería haber entrado en el núcleo cuando este se formó. Como la mayoría de los elementos, el tungsteno se compone de varios isótopos --átomos con las mismas características químicas pero de masas ligeramente diferentes--.

El doctor Willbold observó una disminución de 15 partes por millón en la abundancia relativa del isótopo 182W entre las rocas de Groenlandia y las de hoy en día. Este pequeño pero significativo cambio concuerda con lo requerido para explicar el exceso de oro accesible en la Tierra como el resultado del subproducto del bombardeo de meteoritos. Según Willbold, "la extracción de tungsteno de las muestras de roca y el análisis de su composición isotópica con la precisión requerida, fue sumamente exigente, dada la pequeña cantidad de tungsteno disponible en las rocas De hecho, somos el primer laboratorio en todo el mundo que ha realizado con éxito mediciones de tan alta calidad".

Los meteoritos, en el momento del impacto, agitaron el manto de la Tierra mediante gigantes procesos de convección. Un objetivo para futuros trabajos es estudiar el tiempo que duró este proceso. Posteriormente, los procesos geológicos formaron los continentes y los concentrados de metales preciosos (y tungsteno) en depósitos de minerales, que son extraídos en la actualidad.

Willbold añade que "nuestro trabajo demuestra que la mayoría de los metales preciosos, clave en nuestras economías y muchos procesos industriales, llegaron a nuestro planeta por una afortunada coincidencia, cuando la Tierra fue golpeada por el material asteroidal".

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