martes, 22 de noviembre de 2011

El 'fantasma' de los abismos oceánicos del Eoceno

Los espectaculares acantilados de Zumaya, en Guipúzcoa, son el equivalente geológico a un cofre lleno de secretos que los investigadores van descubriendo a medida que desmenuzan sus sedimentos. El último hallazgo ha sido el de la huella fosilizada (icnofósil) dejada hace 49 millones de años por un misterioro ser vivo que habitaba en los abismos oceánicos y que podría ser uno de los organismos que más tiempo llevan habitando en la Tierra.

La huella ha sido bautizada como 'Saerichnites abruptus' es la más completa y más grande documentada hasta ahora en todo el mundo.Consiste en una doble hilera alterna de protuberancias que se interpretan como el relleno de unos agujeros o galerías horizontales que fueron excavadas por el organismo 'fantasma' en el fondo del océano.
Otra posibilidad es que se trate de la sección horizontal de una galería espiral paralela a ese fondo, según los dos geólogos que la han descubierto, Asier Hilario, director del Biotopo Deba-Zumaya, y Juan Carlos Gutiérrez-Marco, del Instituto de Gecociencias (CSIC).
Extracción de la huella

El icnofósil fue documentado hace ahora siete años por ambos investigadores, pero se encontraba en un lugar muy inestable en el que el embate de las olas podía provocar su derrumbamiento. Por ello, los responsables del biotopo decidieron hace unos días extraer la huella del acantilado. No fue fácil, recuerda Gutiérrez-Marco, porque pesa más de 200 kilos y fue necesario instalar un andamiaje especial aprovechando la bajamar.

Ahora, la 'Saerichnites abruptus' se encuentra en una vitrina en el centro Algorri de Zumaya, donde su estudio será mucho más detallado.

Huellas idénticas a éstas, aunque no tan bien conservadas, se habían identificado ya en sedimentos oceánicos de hace 411 millones de años, en el Ordovícico. Y los batiscafos modernos que bajan a los fondos abisales también han visto huellas muy parecida (la diferencia es que hay sólo una hilera de protuberancias), aunque tampoco han logrado ver el organismo que las realiza.

Los investigadores han logrado interpretar parte del misterio. Saben que se trata de organismos blandos, puesto que no dejaron fósiles, y que vivían en el fango en las zonas abisales con muy poca luz y pocos nutrientes. Su único alimento debían ser microorganismos y para 'capturarlos' hacían 'trampas' (agujeros en el fondo) donde quedaban atrapados.

Trampas abisales

"Esa huella serían las chimeneas verticales que conectaban con galerías más complejas. Su tasa de sedimentación era muy lenta, de uno a tres milímetros cada 1.000 años, por lo que les daba tiempo a excavar. Luego, al abandonar las galerías, se rellenaron y unas corrientes turbias las cortaron como un cuchillo y las enterraron, lo que favoreció su conservaciòn", explica Gutiérrez-Marco.

Para el investigador es una muestra más de la espectacularidad de los 'flysch' (sedimentos) de Zumaya para investigar el pasado de los últimos 50 millones de años de la vida en la Tierra. De hecho, el lugar incluye el llamado límite Daniense/Selandiense (hace 61,1 millones de años, cuando hubo un brusco descenso global del nivel del mar) y el Selandiense/Thanetiense (hace 58,7 millones de años, cuando se invirtió el campo magnético terrestre). Allí está registrada también la caída del meteorito que acabó con los dinosaurios.

"En el caso de la huella, es importante que el registro geológico nos muestre cómo los organismos abisales sobrevivieron a las extinciones que tenían lugar en la superficie del planeta y que aún pueden estar vivas. También nos evidencia lo poco que aún sabemos del ecosistema de los abismos oceánicos", concluye Gutiérrez-Marco.

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