martes, 8 de noviembre de 2011

El hombre de las cavernas pintaba caballos reales

¿Eran los hombres del Paleolítico unos amantes del arte figurativo o alteraban sus representaciones como lo haría un genio de lo abstracto? Durante años, los arqueólogos se han preguntado si las pinturas rupestres, especialmente aquellas en las que aparecen animales, reproducían el medio natural o tenían un significado abstracto más profundo y simbólico. ¿Eran esos animales tal y como los pintaban? Un equipo internacional de científicos ha utilizado ADN antiguo para averiguarlo. Los investigadores, que se han centrado en la caballos, creen que todas las variaciones de color que se ven en las pinturas de las cuevas responden a la realidad.Incluso han comprobado que entonces ya existían caballos salvajes con manchas blancas y no solo negros o albazanos (castaños), como se creía. La investigación aparece publicada en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias (PNAS).

Investigadores de EE.UU., Gran Bretaña, Alemania, Rusia, México y España analizaron las diferencias en los genes de color del pelaje de 31 fósiles de caballos de hace hasta 35.000 años en Siberia, Europa oriental y occidental y la Península Ibérica. Los autores hallaron que una mutación genética, que se asocia con la presencia del color blanco formando manchas semejantes a las del leopardo -un aspecto que se observa en los caballos modernos (como el de la imagen)-, ya estaba presente en seis de los fósiles de caballos europeos. Además, en 18 de los animales había una variación genética del albazano, mientras que siete tenían una variante del color negro.
Tal como eran

Los autores concluyen que todos los colores que existían en las poblaciones de caballos prehistóricos eran fácilmente distinguibles en las pinturas rupestres. Los resultados sugieren que las pinturas de los caballos eran «mucho más realistas y menos simbólicas o fantásticas de lo que han supuesto algunos investigadores», señala Michi Hofreiter, del Departamento de Biología de la Universidad de York en Gran Bretaña. Hasta ahora, los científicos no sabían explicar la existencia de pinturas rupestres de caballos blancos moteados, como por ejemplo los de Pech-Merle, en Francia, que datan de más de 25.000 años, ya que creían que estos equinos no existían en aquella época y pensaban que se trataba de una intención simbólica o abstracta del artista.

«Saber que los caballos con manchas de leopardo ya estaban presentes durante el Pleistoceno en Europa proporcionará a los arqueólogos nuevos argumentos para interpretar las artes rupestres», concluye Melanie Pruvost, investigadora del Instituto Leibniz para la Vida Salvaje en Berlín.

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