viernes, 10 de febrero de 2012

Investigación Clave7: “Mamá, le he dicho al maligno que no nos moleste más”

"Todo comenzó a raíz del fallecimiento de mi padre". Así comenzó su relato Verónica, en una larga entrevista que transcurrió durante la tarde del 5 de julio de 2011. Nuestro equipo ha tenido oportunidad de escuchar su relato en anteriores ocasiones, pero no habíamos conseguido encontrar el momento oportuno para desplazarnos a su domicilio. Verónica vive en la populosa y universitaria ciudad de San Cristóbal de La Laguna y es propietaria de una vivienda cuyas habitaciones alquila a estudiantes. No podemos concretar más datos y tampoco revelaremos la verdadera identidad de nuestra testigo por razones obvias. Nos referiremos a ella como Verónica. Nos pidió encarecidamente que salvaguardáramos su identidad y respetaremos su decisión. 

19:00 horas: Una charla amena, un relato sobrecogedor.

Llegamos, como siempre, cargados con toda suerte de aparatos y artilugios. Pero siendo aún tan temprano decidimos, tras las presentaciones oportunas y aderezando el momento con un café y un bizcochón, charlar en la cocina de la planta baja. Y casi rodeándola, nos sentamos en torno a la mesa a escuchar su relato. 

Verónica es profesora docente de ciencias, licenciada en biología y química y en primera instancia nos dejó claro su inicial pragmatismo ante todo tipo de fenómenos de índole extraño. Aun cuando tuvo ciertos roces en su juventud con el espiritismo. Este tipo de cuestiones nunca atrajeron demasiado su interés y su contacto con ellas fue prácticamente nulo durante gran parte de su juventud. 

En torno al 2004 tenía su residencia en Bajamar, localidad situada en la costa sureste de Tenerife. Trabajaba en la zona de “Las Galletas”. Fue en esta vivienda donde, de manera totalmente espontánea, comienza a vivir situaciones que ponen en jaque a su criterio científico: extrañas marcas comenzaron a aparecer en su piel, marcas similares a huellas digitales. 


"...En pleno verano, tenía que llevar las camisas aquí..." -Se señaló las muñecas- "... porque las huellas digitales, o sea, las huellas aquí... marcadas. Eran como golpes, arañazos." Verónica describe estas marcas como de color “yodado”. Siempre aparecían de manera espontánea. La mayoría durante la noche, pero en otras ocasiones no. Nos cuenta como tuvo que pellizcarse para comprobar si aún estaba despierta cuando, en cierta ocasión, se levanta con la intención de llamar a un amigo: "Era de madrugada. Tenía intención de llamar a A. Me senté con las piernas cruzadas y me veo los pies y... Pensé que estaba soñando, pero estaba completamente despierta. Rápidamente fui a ver a C. y tenía las mismas marcas en los pies". Nos enseña fotografías de aquella ocasión y comprobamos como sus pies aparecen completamente amoratados. Tanto en la zona superior como en la planta. Unas manchas totalmente irregulares. Unas manchas que pudo comprobar con horror que también su hija sufría. C. no contaba con más de 7 años en aquel entonces. Verónica prosigue su relato: "Los morados quemaban. Cuando te duchabas te ardían. No eran moratones normales". 


En aquella casa no podía dormir. Vivía inquieta. Sentía una gran sensación de opresión, de inquietud hasta el punto de provocarle escalofríos. "Llegó un momento en que dormía solo un par de horas, siempre de día". Mientras, en algunos muebles aparece la impresión clara de unas manos. Verónica nos muestra una foto de un sofá, en la que se aprecia con claridad unos trazos blancos, muy similares a las marcas que dejaría una mano humana manchada de tiza. Se sentía agredida. "Una noche sentí que algo entró en mi cuerpo empezó a temblar". Fue entonces cuando el miedo se apoderó de ella. 

Nuestra protagonista, intentando dilucidar que tenía de especial aquel lugar, investiga entre el resto de inquilinos de aquel edificio. Se trataba de un viejo hotel reconvertido en apartamentos de alquiler. Nos asegura que alguno de sus vecinos le confesó que en uno de los pisos había vivido una familia de procedencia alemana, que solía practicar extraños ritos, posiblemente relacionados con el espiritismo. Así mismo, pudo encontrar a otros viejos inquilinos que le aseguraron que habían abandonado su piso en aquel edificio por una suerte de fenómenos extraños que les llenaron de temor. Por nuestra parte, anotamos bien el nombre de aquel viejo hotel, para una futura investigación, y dejamos que Verónica continuara con su relato.

Y su relato continúa, porque su historia se remonta hasta el día de hoy. Y nuestras pesquisas también, puesto que tras esa larga noche de extraños acontecimientos, volvimos el pasado 14-01-2012 para repetir los experimentos. Grabaciones de vídeo, audio, fotografías y el resto de su historia serán publicadas en el próximo número de nuestra revista digital.

Texto y fotografias: Carlos Soriano

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