miércoles, 18 de abril de 2012

La crisis aumenta los casos de adicción a los videntes

Apenas queda una cadena de televisión que no tenga un espacio dedicado a la videncia, hecho que coincide con un aumento de los casos de adicción a tarotistas, videntes y adivinadores. Pero tambien la crisis tiene algo que ver en este incremento. "Pensamos que la situación de inestabilidad económica y laboral podría influir en el aumento de casos por el deseo de encontrar a alguien que infunda optimismo y seguridad sobre el futuro”, explica Ana Valdepérez, psicóloga del Programa de Adicciones Comportamentales del Hospital de Sant Pau, que está convencida de que solo un número muy pequeño del total de afectados pide ayuda.

Amarilys es una mujer de 48 años que vive en España desde hace seis. Padece una adicción al tarot que le ha hecho pagar hasta 900 euros de factura telefónica algunos meses. "No podía parar. Sentía angustia, me sentía perdida y creía que la tarotista me podía ayudar", explica esta mujer que está en terapia. "Suelen ser personas con baja autoestima e inseguridad que utilizan el tarot como una forma de ejercer control sobre su vida", explica la doctora, que añade que suelen tener pocas relaciones cercanas, poca tolerancia a la espera y escaso apoyo social, lo que dificulta que alguien las empuje a pedir ayuda especializada.

Para el sociólogo de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), Enrico Mora, estos no son fenómenos nuevos, pero sí se ha han agudizado a causa de la situación socio-económica. “Son resultado de la experiencia subjetiva de no disponer control sobre la propia vida, de sentirse objeto de fuerzas desbocadas sobre las que no tenemos incidencia, y afecta de forma particular a los colectivos oprimidos”, explica Mora, que asegura que estos comportamientos obedecen a la doctrina del “no poder”, contraria a la del “querer es poder”. “El individuo se siente incapaz de alcanzar ninguna meta y se dirige a la videncia o el tarot como fuente de certezas y de sentido, algo muy parecido a lo que se espera de la religión”, apunta el sociólogo.

Una adicción comportamental

Tal como explica la experta en adicciones, la de la videncia es una adicción denominada comportamental, sin sustancia de por medio, como lo son la adicción al juego, al sexo o a internet. "Son hábitos de conducta placenteros que en un pequeño porcentaje de personas desemboca en una adicción y organizan toda su vida en función de ellas", explica Valdepérez.

La doctora conoce de cerca casos como el de Amarilys, de personas que llegan con una gran sensación de culpa porque no pueden parar de llamar o acudir a los videntes y con grandes deudas. "Llegan a solicitar créditos para seguir llamando al tarot. De hecho, es frecuente que estas consecuencias tan graves sean el revulsivo para que acudan a terapia, así como las consecuencias a nivel familiar o laboral, pues suelen abandonar cualquier otra actividad".

Más mujeres que hombres

A pesar de que no se han realizado estudios epidemiológicos sobre la cuestión, el caso de Amarilys se ajusta al perfil de personas que trata la doctora Valdepérez. "Suelen ser mujeres de entre 40 y 65 años, sin pareja y con escasas relaciones sociales". Son supersticiosas y practican lo que Valdeperez denomina "pensamiento mágico", una forma de explicar los acontecimientos en base a interpretaciones erróneas de las causas y sus efectos. "Todo esto se ve favorecido por el Efecto Barnum, que provoca que al leer ciertas frases que describen aspectos de la personalidad comunes a cualquier persona, las tomen como propias, con lo cual siempre tienen la impresión de que el adivino ha acertado", explica la doctora que asegura que sus pacientes son personas más sensibles que las demás a este tipo de efecto.

"Si alguien tiene una persona cercana con este problema, debe hacerle ver las consecuencias negativas de su conducta, pero sin culparle y ofreciéndole apoyo. Y por supuesto, animarle a que pida ayuda profesional", concluye la doctora Valdeperez.

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