miércoles, 9 de mayo de 2012

Doctor Estivill: "Hemos descubierto que el feto, dentro de la barriga de la madre, ya sueña"

Este médico, especializado en pediatría y neurofisiología clínica, alcanzó el éxito hace aproximadamente 15 años con la publicación de su método para enseñar a los padres a dormir a sus bebés. De la obra, traducida a 22 idiomas, se vendieron unos tres millones de ejemplares. Después de casi tres lustros, el método necesitaba actualizarse. ¡A dormir! es el resultado.

El método requería de una actualización, ¿no?
Tenemos la gran suerte que la medicina del sueño avanza porque es una especialidad muy nueva. Hace cien años no sabíamos nada del sueño. Poco a poco vamos aprendiendo. Ahora ya sabemos muchas más cosas de las que sabíamos hace 15 años. Por suerte, en aquel entonces pudimos dar unas pautas de lo que sabíamos en ese momento que han servido a muchísima gente. Pero ahora nos hemos encontrado que han aparecido nuevas investigaciones muy interesantes para los padres que tengan hijos a partir de ahora. 

Supongo que recibió muchos elogios cuando apareció el primer libro del método Estivill… ¿algún reproche?
Las normas que explicamos son normas científicas. Y dentro del mundo científico no hay ningún reproche. Yo no he inventado nada, no soy ningún gurú, no tengo ninguna teoría. Simplemente explico lo que el mundo científico ha demostrado, que además son las mismas normas que aplica la Sociedad Americana del Sueño y la Sociedad Americana de Pediatría. En Internet, que es un foro que no es científico, puede opinar todo el mundo. Cada cual, evidentemente, dice lo que quiere. Pero como nosotros somos científicos, no hacemos ningún caso a los comentarios de Internet.

Algunos habían tildado su método de insensible…
Quien realmente lo ha aplicado y ha leído el libro no lo dice.

Porque se ha demostrado empíricamente que funciona…
No me lo he inventado yo. Es el trabajo de más de 200 científicos: neurólogos, cronobiólogos, especialistas de todo el mundo… Mi mérito es únicamente explicarlo en palabras fáciles y colaborar con estas investigaciones.

Usted dice que si no funciona es porque los padres no lo aplican bien, no por el niño. 
Esto no lo digo yo solo, sino también las investigaciones que así lo han demostrado. El dormir es un hábito. Un hábito es algo que no sabemos y que se tiene que enseñar. Un hábito es aprender a comer la sopa con cuchara. Si hay un niño que no come bien la sopa con cuchara, ¿de quién será la culpa? ¿Del niño o de los padres que lo enseñan? Pasa exactamente lo mismo con el hábito de dormir.

¿Qué hacen mal los padres para que el pequeño no duerma?
Antes no sabían lo que se tenía que hacer. Hasta ahora no sabíamos que el hábito era una cosa que se podía enseñar. Ha sido en los últimos años que lo hemos aprendido. Los pobres padres hacen lo que pueden. Por eso siempre explico que no tienen ninguna culpa. Lo que tienen que hacer es informarse para poder solucionar el problema, y es lo que consiguen cuando leen nuestros libros. De ahí el éxito, de que sea tan popular y haya tantos padres agradecidos. Cuando tú les proporcionas la información correcta, ellos la entienden. Al entenderla, les da seguridad. 

Lo más importante es que los padres no se rindan, porque el hábito se aprende por repetición…
Totalmente cierto. Tú aprendes a conducir, a esquiar o a hacer pis en el lavabo gracias a que vas repitiendo la acción multitud de veces. También aprendes a comer con cuchara gracias a la repetición. Y si tú ahora quieres aprender a comer como los japoneses, tendrás que aprender a comer con palillos repitiendo una y otra vez la acción. Todo se aprende repitiendo. 

También hace falta tener un buen profesor…
La actitud del que te enseña es la otra parte importantísima. El maestro que tú tienes debe ser bueno, tiene que estar seguro, tiene que quererte, estar tranquilo. Si tú tienes un maestro que está nervioso, angustiado, que te echa broncas, tú nunca aprenderás a conducir, ni a esquiar, ni a hacer pis en el lavabo, tú nunca aprenderás a dormir.

Y eso que lo de dormir ya lo sabíamos hacer dentro de la barriga de nuestra madre. Ese es uno de los aspectos novedosos que presenta su último libro.
Sí. Después de estudiar cómo duerme un feto, ahora sabemos que dentro de la madre, éste ya duerme solo. Es decir, no tienes que hacer nada para el que niño se duerma. No he visto nunca a ninguna madre embarazada que tenga que mover la barriga arriba y abajo para que el niño se duerma. El feto está entre 20 y 30 minutos despierto, que es cuando la madre nota que se mueve, que da golpes o patadas, y después, de repente, se queda quieto, momento en el que se duerme. Lo más importante es enseñarles a los padres que en el momento en el que nace el niño no desenseñemos nada de lo que ya sabe hacer, que es dormir solo. Lo único que necesita para dormir solo es haber estado antes media hora despierto.

Lo que todavía sorprende más es saber que un feto… ¡sueña!
Así es. Ahora sabemos que, dentro de la barriga de la madre, el feto ya sueña. Lo que pasa es que no podemos preguntarle en qué [risas]. Una de las fases del sueño es la fase REM. Hoy en día sabemos que es en esta fase cuando más se desarrolla el cerebro, también es cuando se producen los sueños. Pero lo importante es que las conexiones neuronales se producen, mientras dormimos, en esta fase REM. Y si el niño duerme bien, es un niño que puede llegar al máximo de su coeficiente intelectual, en función también de su código genético.

Leyendo su libro, uno se da cuenta de que los elementos externos se convierten en pieza básica a la hora de enseñar el habito de dormir a un bebé.
Efectivamente. Para llevar a cabo cualquier hábito tú utilizas unos elementos externos. Cuando enseñas al niño a comer la sopa utilizas una cuchara, cuando enseñas a que se limpien los dientes utilizas un cepillo. Y fíjate que tú utilizas este elemento externo todo el tiempo que dura el hábito. Es necesario, para que un niño duerma, utilizar unos elementos externos. Pero lo que no puedes hacer es darle el elemento y cuando él está durmiendo quitárselo. Si tú lo duermes meciéndolo, el se dormirá. Pero si se despierta a media noche, tendrás que mecerlo otra vez para que se vuelva a dormir. Él entiende, porque así se lo hemos hecho ver, que para volverse a dormir se le tiene que mecer. En definitiva, no hay que hacer nada que él no necesita. No necesita que lo mezan, ni que lo paseemos con el cochecito. Ya sabía dormir solo dentro de la barriga de su madre. Lo único que hay que evitar es que desaprenda lo que ya sabe.

No hay que mecerlo, dice usted, ni dejar que duerma durante la toma...
Esta es una de las nuevas normas, y es importantísima. Como hemos descubierto que el feto necesita esta media hora de estar despierto para poder dormir, pues esta media hora nosotros la tenemos que obtener cuando le damos de comer, porque así el aprende que el comer es una cosa que se hace cuando uno está despierto, que se hace en un lugar con luz y con un ruido ambiental que puede ser música. Así conseguimos que el niño esté despierto durante esta media hora. Después de tenerlo en brazos, para que eructe, para hablarle, para darle besos, para quererlo, para hacerle un masaje, luego ya lo podemos dejar en la cuna solo y él se dormirá. 

Supongo que en aras de concienciar a los padres, usted les advierte que se enfrentan a un ser inteligente, con grandes aptitudes para la manipulación.
Es que es totalmente cierto. No es manipulación en el sentido negativo, sino que es la forma que tiene él de comunicarse con un adulto. Un niño es un ser pequeño, pero no es tonto. Capta lo que ve en su entorno y lo que los adultos les trasmitimos. Si estamos tranquilos y seguros, ellos se sienten seguros. Si en cambio estamos angustiados, aunque no se lo transmitamos directamente, él lo nota. 

Si te ven dudar, estás muerto…
Exacto. 

Una vez estamos ante la cuna no hay discurso que valga, el padre ha de volverse “sordo y ciego”, explica usted.
Cuando enseñamos el hábito, tenemos que adoptar una actitud tranquila, amorosa, con una sonrisa, pero sin argumentar cosas con el niño. Como él no ha aprendido todavía el hábito, intentará, ya que es muy listo, acciones para conseguir nuestra reacción. Por tanto, lo que los padres deben trasmitir siempre es seguridad. Lo queremos, lo adoramos, pero no cambiamos nuestra forma de enseñarle a dormir. 

¿Lo que quieren, básicamente, es llamar la atención?
Lo que quieren es seguridad, que tú tengas siempre la misma actitud. La seguridad se consigue con las rutinas y las repeticiones. Mira lo que hace un niño pequeño cuando va a la guardería. Cuando lleva 15 días ya sabe cuál es su silla, el lugar donde tiene que colgar la bata, dónde está el lavabo, a qué hora hay que comer… y eso lo aprende por repetición. ¿Y que más le ofrecen en la guardería? Seguridad. La maestra cada día hace lo mismo, le habla tranquilamente, y él lo aprende. ¿Por qué? Porque es un ser inteligente.

Las primeras noches de la aplicación del método pueden ser, cito textualmente, “horrorosas”. ¿Los padres están preparados para afrontarlo?
Cada vez más, porque se leen antes la parte teórica y entienden que lo que hace el niño no es anormal, sino que es la forma que tiene de comunicarse. Un niño no sabe hablar, y la única cosa que hace de forma espontánea es llorar. Ellos lloran de dos formas muy claras: la primera, cuando se hacen daño (que es un llanto que por mucho que lo cojas en brazos, si le duele, no deja de llorar); la segunda es distinta. Por ejemplo, si lo tienes cogido en brazos y, posteriormente, lo dejas en la cuna, empezará a llorar. Si lo vuelves a coger, calla en seco, pero si lo dejas de nuevo en la cuna, vuelve a llorar. Es una forma de comunicarse. Cuando a los padres les explicas esto y lo entienden, porque ven que es de sentido común, lo aplican correctamente.

Usted defiende que aunque un niño llore desconsoladamente no se traumatiza.
Lo importante es que no lo abandones nunca, que estés a su lado. Está comprobadísimo científicamente que estos niños no están traumatizados. Ningún niño está traumatizado por comer la sopa con cuchara, ningún niño está traumatizado por ir a la guardería, y eso que el primer día llorará cuatro horas seguidas, y a pesar de todo, los padres los dejan allí. ¿Y por qué no se traumatizan? Porque es un hábito correcto que ellos acaban aprendiendo.

¿Dormir de día también hay que enseñarlo?
Evidentemente. Los primeros meses el bebé necesita hacer las siestas que después irá abandonando, solo quedará la del mediodía. Ésta es recomendable hacerla hasta los cuatro años. 

¿Es cierto el axioma que reza que el niño que hace la siesta luego duerme mal por la noche?
Es todo lo contrario. Los hechos científicos nos dicen que el niño que duerme bien de día, duerme mejor por la noche. Las abuelas, que son muy sabias, ya lo dicen: el son porta son (el sueño trae sueño). Un niño que durante el día te haga las siestas correctas, llega a la noche feliz, desconecta y puede dormir perfectamente sus 10, 11 o 12 horas.

A usted no le hacen mucha gracia esos walkie-talkies que los padres acostumbran a poner al lado de la cuna para escuchar a sus pequeños…
[Risas]. Tiene mucha lógica y, además, científica. Los recién nacidos, el primer grado de sueño que tienen es un sueño inquieto (se le llama activo). Es el momento en el que ellos mueven los ojos, hacen pequeños ruidos con la boca, respiran de forma irregular… claro, si los padres tienen estos walkie-talkies, a través de los cuales escucharán cada una de estas pequeñas cosas que hace el niño, y, además, no saben que eso es un dormir normal, acudirán a la habitación del pequeño y pueden interferir en su sueño, pensando que éste lo está pasando mal. Luego es cuando lo cogemos, lo mecemos, le cantamos… Más vale que cojamos el walkie-talkie y lo tiremos a la basura.

Otra de las novedades de este libro con respecto al primero es lo que usted ha resuelto en llamar ‘la regla de oro para la madre’.
Es importantísima. Hemos descubierto que la madre, cuando tiene al bebé, todo es maravilloso, sí, pero va corta de sueño. Y este es un motivo (además del tema de las hormonas, de que se ve fea, de que el marido no le hace demasiado caso…) que la puede llevar a entrar en un estado de desánimo y tristeza. La madre necesita dormir, y la única manera de hacerlo es ajustar su horario a la del pequeño, también de día.

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