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lunes, 11 de junio de 2012

La morgue mecánica: una atracción de feria en la Inglaterra de los años veinte

Las mujeres acaban de reconocer los restos mortales de un ser querido. Una de ellas llora y hace el ademán de acercar el pañuelo al lacrimal para secarse las lágrimas de modo femenino; la otra intenta consolarla. En el depósito de cadáveres, un forense, un policía y dos investigadores trabajan en el caso.




St. Dennistoun Mortuary (La morgue de St. Dennistoun) es un ingenio mecánico que en su día funcionaba con monedas. Protagonizado por autómatas, populares a principios del siglo XX, el invento fue creado por John Dennison, un artesano inglés de Leeds que se especializó en este tipo de artilugios entre 1875 y 1924. Cuando se retiró, sus hijas continuaron con el negocio durante veinte años mças. Tenían una concesión de máquinas de entretenimiento en la Torre de Blackpool, en la ciudad inglesa de Lancashire, un reclamo turístico inspirado en la Torre Eiffel y rodeada de atracciones.

En la sala de la morgue hay cinco camillas sobre las que han colocado los cadáveres de las víctimas, una tiene un cuchillo a su lado; otra, con el rostro en tensión, tiene el brazo flexionado por el rígor mortis. La escena, de una truculencia inusual para tratarse de un divertimento, es seguramente producto de la curiosidad enfermiza que siempre han producido los crímenes, una especie de antecesor de CSI.

La morgue automática de Denisson fue subastada hace unos días en Estados Unidos, en la ciudad de Marlborough (Massachusetts). Aunque en Skinner, la casa de subastas, datan la pieza en torno a 1900, el pelo corto, el sombrero y el abrigo de las mujeres o el traje del hombre que habla con el policía son indicativos de que el invento es una creación de los años veinte. Incluso las cenefas de los azulejos de la habitación tienen un dejé art déco.

El precio estimado de la pieza era de entre 4.000 y 6.000 dólares (3.189 y 4.784 euros, aproximadamente) y alcanzó los 13.035 (unos 10.400 euros). El mecanismo que atrajo los peniques de los ingleses deseosos de ver en movimiento el escenario lúgubre sigue cautivando a las mentes actuales, provocando una curiosidad por las visiones macabras a las que se añade el carácter tétrico de un objeto antiguo.

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