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lunes, 27 de agosto de 2012

Neil Armstrong, en su última entrevista: 'Un día alguien volará de nuevo a la Luna'

La proverbial fama de Neil Armstrong como hombre reservado y huidizo para los medios de comunicación quedó en parte desmentida a comienzos de este año, cuando el legendario astronauta no puso reparos en serentrevistado en Australia. Aquella cita promovida por la empresa auditora CPA Australia adquiere ahora carácter testamentario, ya que fue la última vez que el primer hombre que pisó la Luna relató su hazaña.

Sorprende la naturalidad con la que el héroe estadounidense se refiere a la supuesta falsificación del aluzinaje, una versión que décadas después de aquel 1969 para la Historia siguen defendiendo no pocos escépticos."La gente ama las teorías de la conspiración", comenta Armstrong a Alex Malley, Consejero Delegado de la firma patrocinadora del encuentro. "Quiero decir que son muy atractivas. Pero nunca supusieron un problema para mí, porque sé que un día alguien va a volar de nuevo hasta la Luna y recogerá la cámara que dejé allí".

El Comandante del 'Apollo 11', al que se ve cómodo durante una charla a la que tal vez accedió a participar por cuestiones familiares (su propio padre fue auditor en Ohio), confiesa ante las cámaras que la nave que les llevó a 'Buzz' Aldrin, a Michael Collins y a él al satélite sólo tenía un "50% de posibilidades" de posarse con seguridad y un 10% de no poder volver a casa.

La entrevista está salpicada de revelaciones. El veterano astronauta admite asimismo que sólo "un mes antes" de la fecha del lanzamiento él y sus compañeros decidieron que tenían "la suficiente confianzar" para intentar el descenso.

"Los jefes preguntaron: ¿crees que tú y tus chicos estáis listos? Les dije que estaría bien disponer de un mes más, pero que se trataba de una carrera y teníamos que aprovechar la oportunidad cuando se presentase. Tuve que decir que estábamos listos para partir", reconoce Armstrong.

El norteamericano repasa otro momento especialmente angustioso para la tripulación: los 12 minutos del descenso, cuando se percataron de que el piloto automático del módulo Eagle se disponía a tomar tierra sobre la ladera de un enorme cráter. "El ordenador nos mostró dónde tenía intención de aterrizar. Era una muy mala ubicación, al lado de un cráter de unos 100-150 metros de diámetro, con pendientes muy escarpadas y cubiertas de piedras de gran tamaño", rememora aquellos instantes de máxima tensión. Armstrong se hizo cargo de la nave manualmente y logró aterrizar, como si de un helicóptero se hubiese tratado, en una zona más propicia.

En relación a sus inmortales palabras ("Es un pequeño paso para [un] hombre, un gran salto para la humanidad"), Armstrong dice a su interlocutor que no había pensado en pronunciarlas hasta después de haber aterrizado con seguridad.

"Fue algo especial y memorable, pero instantáneo, porque había trabajo que hacer", comenta sobre su 'paseo' lunar. "No estábamos allí para meditar. Estábamos allí para hacer las cosas, así que nos pusimos a ello".

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