sábado, 27 de octubre de 2012

Kateri Tekakwitha, la primera santa mohicana

Este domingo un personaje muy particular ingresó al santoral de los católicos. Se trata de Kateri Tekakwitha, el "Lirio de los mohicanos", la primera nativa estadounidense canonizada por El Vaticano.

La expectativa por la canonización, que tuvo lugar este domingo en el Vaticano, fue particularmente alta en el poblado de Auriesville, ya que allí nació Kateri Tekakwith. Entonces - esto es, hace más de 350 años - esta tierra de hermosas montañas boscosas se llamaba Ossernenony y era territorio mohicano.

Eran tiempos de violencia y enfermedades, dice Allan Greer, profesor de la universidad McGill de Montreal, autor de un libro sobre su vida y su relación con los jesuitas.

Por un lado, las luchas entre las comunidades aborígenes era feroz. La madre de Kateri era una algoquin que había sido capturada por los mohicanos.

Pero además, los colonos ingleses, franceses y holandeses competían por el control del territorio, trayendo consigo armas y enfermedades.

Cuando una epidemia de viruela arrasó con numerosas vidas, incluida la de sus padres y un hermano menor, Kateri sobrevivió, pero la enfermedad le dejó cicatrices visibles y le afectó significativamente el sentido de la vista. La palabra "Tekakwitha" se traduce, más o menos, como "aquella que camina a tientas".
Los jesuitas

Rodeados de muerte y miseria, los mohicanos se volvieron hacia los misioneros jesuitas franceses, a quienes acusaban de ser la causa de todos sus males.

Pocos años antes de que naciera Kateri capturaron a tres de ellos, a quienes torturaron y mataron brutalmentetal.

Tiempo después, la tribu y los franceses hicieron la paz. Kateri fue bautizada en un pozo de ecos profundos a la edad de 20 años, en 1676.

"Estar en esta tierra es como estar en una iglesia. Es un lugar sagrado", dice el fraile Mark Steed, a cargo del lugar, conocido como el santuario nacional Kateri Tekakwitha, en el poblado de Fonda, ubicado en el estado de Nueva York.

Se dice que su conversión al catolicismo, así como la de muchos que se cree siguieron la misma senda, fue una decisión no sólo religiosa, sino práctica y estratégica.

"Los mohicanos estaban haciendo un delicado trabajo de equilibrio, tratando de alinearse con sus aliados, sin volverse dependientes", señala Allan Greer.

Pero en el caso de Kateri, su fe y su negativa a casarse con un mohicano que su familia había escogido para ella le valieron una especie de destierro, que la llevó a caminar y navegar en canoa una distancia de unos 320 kilómetros, hasta un poblado con presencia jesuita cerca de Montreal, llamado Kahnawake.

Ahí demostró ser piadosa en extremo.

Régimen intenso

La joven hizo un voto de castidad y se sometió a un intenso régimen de autocastigo, que incluyó caminar descalza en la nieve y el hielo, colocarse carbones calientes entre los dedos de los pies hasta que se enfriaban y dormir en una cama de espinas.

"Torturaba su cuerpo de todas las formas posibles, con vigilias interminables, con ayuno, con frío, con calor, con hierros, con cinturones tachonados de puntas afiladas, con latigazos con los que se abría los hombros varias veces a la semana", escribió el misionero Pierre Cholenec, quien vivió en la comunidad en aquella época.

Algunos investigadores creen que Tekakwitha posiblemente estaba mezclando las pruebas de fuerza y voluntad a que se sometían los mohicanos antes de ir a la guerra con su nueva fe, en lo que Greer llama un "intenso catolicismo indigenista".

Kateri Tekakwitha murió a la edad de 24 años. Los informes sobre milagros ligados a su persona comenzaron a surgir poco después.

Los jesuitas que la vieron morir y le dieron sepultura dijeron que las cicatrices en su rostro se desvanecieron por completo, y que al cabo de un tiempo se le "apareció" a varias personas.
Dualidad y milagro

Muchos mohicanos hoy en día tienen sentimientos encontrados acerca de la santa, a la que asocian con la amargura de la colonización.

El contingente de católicos nativos estadonidenses asciende a unas 680.000 personas (más de un quinto del total de nativos), según la Conferencia de Obispos Católicos de EE.UU.

Por décadas, uno grupo de estos católicos esparcidos por el territorio norteamericano ha estado orando, primero por su beatificación, que se produjo en 1980, y después por su canonización.

"Ella es uno de nosotros. La gente tiene curiosidad sobre su vida, sobre cómo una joven del siglo XVII ha influido en la vida de tantos en el siglo XXI", dice la hermana Kateri Mitchell, de la Conferencia Tekakwitha, un organismo que representa a los católicos nativos en Estados Unidos.

La hermana Mitchell tuvo un papel en el milagro que aseguró su canonización. Ella acudió al lecho de un niño de 5 años que contrajo una infección bacterial que se come la piel, con consecuencias fatales. Le pidió a la comunidad que solicitara la intervención de Kateri Tekakwitha y le colocó una de las reliquias de la joven mohicana - un pedazo del hueso de la muñeca - sobre el cuerpo.

El niño, que tiene ahora 12 años, todavía requiere de atención médica, pero se recuperó de una forma que muchos, incluido El Vaticano, consideran milagrosa.
Escépticos y curiosos

En el santuario de Auriesville casi todo el mundo tiene una historia que contar de ayuda o sanación atribuida a Kateri Tekakwitha.

Hay incluso católicos que son escépticos acerca de muchas de estas historias, pero cuando en diciembre el Papa Benedicto XVI anunció que la elevaría a la condición de santa, muchos curiosos comenzaron a visitar el lugar.

El fraile Mark Steed no se acostumbra a tanta agitación, y espera que el sitio siga siendo fiel a sus raíces mohicanas.

"En este lugar hay una sensación especial. Definitivamente puedes sentir el espíritu", dice el artista Bob Renaude, quien ha pintado imágenes de Tekakwitha.

"Ella defendió sus creencias, y lo hizo con fuerza. Es local, es de Estados Unidos. Y nos sentimos muy honrados de tenerla cerca", añade.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

.