lunes, 22 de abril de 2013

'Tierra prometida', la nueva película de Matt Damon, aviva el debate sobre el 'fracking'

La nueva película de Gus Van Sant, 'Tierra prometida', producida por Matt Damon, está calentando el debate sobre el 'fracking' en España. El tema ya tuvo su momento de gloria en los Oscar de 2011 con el documental 'Gasland'. Pero esta nueva forma de extraer gas para la que hay que romper estratos rocosos de pizarra en el subsuelo, usando agua a presión mezclada con arena y sustancias químicas contaminantes, no sólo está resultando polémica en el cine de EEUU. En España esta técnica también está levantando ampollas y enfrentamientos políticos en algunas regiones antes incluso de que se haya iniciado ninguna prospección.El Parlamento de Cantabria -presidido por el Partido Popular- aprobó recientemente por unanimidad una ley que prohíbe el 'fracking' en la comunidad autónoma. Pero apenas 24 horas después, el ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, aseguraba que España no puede permitirse el lujo de perder de esta forma la carrera para la obtención de gas natural. De hecho, también sugirió que la propuesta de inclusión del 'fracking' en la ley de hidrocarburos hará que la normativa sobre esta técnica afecte a todas las comunidades autónomas. La polémica estaba servida.

La defensa de Soria de la técnica va siempre acompañada de la coletilla de que cualquier permiso de exploración necesita una declaración de impacto ambiental favorable. "Es positivo que se obligue a que la fractura necesite una declaración de impacto ambiental con independencia del volumen que se vaya a extraer. Pero la ley que se está tramitando en Industria también trata de quitarle competencias a las autonomías", asegura Paco Ramos, de Ecologistas en Acción. Esta organización y Amigos de la Tierra han organizado estos días un preestreno de la nueva película de Damon con pases especiales.
Retrasos para la industria

Para la industria, la necesidad de informes ambientales retrasa los plazos para solicitar autorizaciones para investigar el potencial gasístico de una zona de los cuatro meses que se tardaba hasta ahora, a los 18 meses que tardarán en lo sucesivo.

Sin embargo, para los ecologistas esto no es suficiente. "La ley de Cantabria no es garantía definitiva de que no se hará 'fracking'", asegura Héctor de Prado, responsable del área de Cambio Climático y Energía de Amigos de la Tierra. "Suena a moratoria. Incluso los promotores de la norma admiten que podría ser algo temporal hasta que se consigan las salvaguardas ambientales necesarias", explica. De momento, la nueva legislación prohíbe los nuevos permisos, pero no se han derogado las seis autorizaciones que ya hay concedidas en la región.

Uno de los aspectos que más preocupa a los colectivos ecologistas es la posibilidad de que las aguas subterráneas cercanas a las explotaciones resulten contaminadas. Este tipo de gas no convencional se encuentra impregnado en la roca en pequeñas burbujitas y no en bolsas, como es habitual, por lo que su extracción es más difícil y costosa. Para lograrlo, la industria tiene que perforar túneles de hasta 5.000 metros de profundidad e introducir agua a presión mezclada con arena, productos químicos y, en ocasiones, incluso pequeños explosivos.

En España, el 80% de los permisos de investigación pedidos o concedidos está situado sobre acuíferos. Y, según un informe de Ecologistas en Acción, de ese 80%, el 56% son acuíferos calcáreos, mucho más sensibles a esta técnica debido a la capacidad de esta roca para que el agua circule.

Puede producir terremotos

La industria, representada por Shale Gas España, asegura que la fractura hidráulica se realiza a mucha más profundidad de la que alcanzan los acuíferos y que la parte superior se protege con tubos de acero y cemento de alta calidad para evitar la contaminación. Sus portavoces reconocen que el líquido que se recupera es un porcentaje menor del que se inyecta, pero aseguran que éste no tiene impactos sobre el terreno.

Otro de los posibles riesgos del 'fracking' es la capacidad que tiene la técnica para interferir en la sismicidad de una zona. No obstante, Shale Gas España asegura que estos riesgos se pueden controlar haciendo estudios geológicos y evitando las zonas inestables.

En España hay multitud de permisos solicitados y concedidos para investigar el potencial gasístico. La industria estima que el 'fracking' podría cubrir las necesidades de gas españolas actuales durante 70 años. Para los ecologistas esa cifra es muy optimista y creen que en realidad no cubriría ni 35 años. La polémica ya ha salido de la gran pantalla.

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