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martes, 30 de julio de 2013

No tires el chicle al suelo: el rastro que deja tu ADN cuenta cómo eres

Heather Dewey-Hagborg con la escultura fabricada a partir de su propio ADN (Stranger Visions)
A finales de los años 60 surgía un movimiento artístico en Italia denominado Arte Povera, que utilizaba materiales de poco valor y de desecho para crear sus obras, en un intento por huir de la comercialización del arte. 50 años después, una artista estadounidense le ha dado a esta corriente una nueva vuelta de tuerca.

Heather Dewey-Hagborg ha elegido para su obra Stranger visions trabajar con un material de desecho diferente: el ADN que vamos perdiendo, dejándolo olvidado en forma de saliva en chicles o colillas de cigarros, cabellos... Toda una mina de información genética que vamos dejando como un rastro a nuestro paso sin darnos cuenta y que Dewey-Hagborg transforma en un proceso mitad artístico, mitad científico forense al más puro estilo CSI.


Lo cierto es que su obra no deja indiferente a nadie, aunque las opiniones están divididas: algunos piensan que es una genialidad, una reflexión sobre lo descuidados que somos con una información tan valiosa como nuestro material genético; otros lo consideran simplemente espeluznante.

Recogiendo ADN perdido

El trabajo de la autora comienza con un paseo por las calles de Nueva York, en el que recoge aquellos objetos que encuentra tirados y que pueden contener algún rastro de ADN, guardándolos cuidadosamente en bolsas de plástico para mantenerlos separados y ordenados. Una vez recogidas, lleva las muestras al laboratorio para extraer las trazas de ADN.

La artista aprendió las técnicas de extracción genética gracias a Genspace, una organización sin ánimo de lucro que trabaja para facilitar el acceso de los ciudadanos a la ciencia y la biotecnología. Allí, Dewey aprendió a llevar a cabo un proceso conocido como reacción en cadena de la polimerasa o PCR (por sus siglas en inglés).

La PCR es una técnica muy utilizada en biología molecular que sirve para generar copias de un fragmento determinado de ADN, facilitando así su estudio y análisis. Desde su publicación en 1987, esta técnica se ha convertido en un proceso básico en la investigación biológica, bioquímica y médica, lo que le valió a su descubridor, el bioquímico estadounidense Kary Mullis, el Premio Nobel de Química en 1993. Gracias a su generalización, su coste se ha abaratado enormemente, por lo que es una técnica relativamente asequible y los kits para hacerlo pueden comprarse online.

Eso es exactamente lo que hace Dewey-Hagborg: utilizar estos kits básicos para reproducir los fragmentos de ADN que extrae de las muestras que recoge. Después, envía ese ADN un laboratorio, donde es secuenciado, es decir se interpreta, dando como resultado una serie determinada de nucleótidos. Conociendo la secuencia de nucleótidos es posible distinguir a unas personas de otras.

Los rasgos físicos que se 'ven' en el genoma

Una vez que sabe cuál es esa serie, la repasa en busca de información sobre el aspecto físico de su dueño: su color de piel, su sexo, su color de ojos y de pelo, su predisposición hacia el sobrepeso y otra serie de características. “Tengo una lista de unos 40 o 50 rasgos que he analizado con éxito o en cuyo análisis estoy ahora mismo”, ha dicho la artista a la web Smithsonian.

Una vez extraída toda la información posible, introduce los datos en un modelo informático y realiza una impresión en 3D del resultado, obteniendo máscaras escultóricas que se parecen al dueño del ADN.

Tecnología de ciencia ficción que ya está a nuestro alcance

Como la misma artista reconoce, no hay forma de saber cuánto se parece realmente la obra de arte final a la persona original, ya que las muestras que recoge son anónimas y aún queda mucho por desentrañar en lo que se refiere a la base genética de nuestros rasgos. Además, existen características físicas que no se reflejan en el ADN, como por ejemplo las modificaciones voluntarias en el aspecto –cortes de pelo, tatuajes, operaciones de cirugía estética- o las que se deben al ambiente o la edad. “De momento, el proceso crea una versión de la persona a los 25 años”, explica.

El proyecto Stranger Visions, formado por estas máscaras genéticas, se podrá ver en la Public Library de Nueva York desde enero de 2014. Dice que su objetivo es hacer a la gente consciente de que va dejando material genético por todas partes, lo que "combinado con un aumento en el acceso a la biología molecular y a todas estas técnicas, significa que este futuro de ciencia ficción ya está aquí. La verdadera pregunta es qué vamos a hacer con ello”.

Los expertos se muestran excépticos
Sin embargo, según algunos científicos, estas técnicas no están tan a nuestro alcance como considera la artista. Teknautas ha consultado a José Luis García López, investigador del Centro de Investigaciones Biológicas especializado en biotecnología, y su opinión sobre el proyecto Stranger Visions es algo escéptica.
"Está claro que obtener ADN de una muestra de saliva es posible, y relativamente barato, igual que replicarlo y secuenciarlo. Pero en mi opinión, de ahí a obtener a partir de esa secuencia información suficiente para conocer el aspecto físico de una persona, hay aún años de investigación", ha explicado. Además, señala, es un proceso muy complejo que requiere de conocimientos, técnicas y equipos sofisticados, y es difícil obtener unos resultados precisos de otra forma.

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