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martes, 1 de julio de 2014

Inventan un sensor cutáneo para medir las emociones

¿Sería posible medir cuantitativamente los diferentes estados emocionales de una persona? Y si fuera posible, ¿qué harían entonces las agencias de publicidad, los fabricantes, o las empresas de social media con esos datos? Imaginemos por un instante un mundo en el que las respuestas emocionales de millones de consumidores pueden ser medidas, en tiempo real, para averiguar cuáles son sus reacciones cuando escuchan una canción, ante un cambio de temperatura o mientras ven un anuncio por tv o a través de internet.


La cuestión es que ese mundo con todas las emociones "al descubierto" podría no estar tan lejos de ser una realidad. De hecho, un equipo de investigadores surcoreanos ha desarrollado un pequeño sensor "wearable" (que se puede llevar puesto) que mide apenas 20x20 mm y está fabricado con un polímero flexible y casi totalmente transparente. Aplicado sobre la piel, el pequeño chivato electrónico puede medir directamente cuándo, y con qué intensidad, se nos pone la "piel de gallina" ante determinadas situaciones que implican una respuesta emocional.

La tecnología sobre la que se basa este novedoso sensor se publica esta semana en un artículo en Applied Physics Letters.

La piel de gallina
Y aunque los autores aseguran que se necesita más investigación para relacionar estos cambios de la piel con estados emocionales concretos, el trabajo sugiere que monitorizar la "piel de gallina" en tiempo real como indicador del estado físico o emocional es algo perfectamente posible. Lo cual podría abrir la puerta hacia la publicidad o la música personalizadas o cualquier otra clase de servicio que se ajustaría en cada momento al estado emocional del usuario.

"En el futuro -afirma Yong-Ho Cho, uno de los autores del estudio- las emociones humanas se considerarán como una información biométrica más, como la temperatura corporal o la presión sanguínea".

Cho y sus colegas construyeron su sensor utilizando un polímero conductor llamado PEDOT:PSS, que es flexible si se compara a los frágiles metales de los materiales conductores estandar. Los capacitores se embebieron en un sustrato de silicona a través de un proceso de revestimiento en múltiples pasos, lo que les confirió su forma espiral y su estructura. El resultado fue un sensor de alta capacidad y elasticidad, pero con un grosor de apenas 1,2 micras.

El sustrato de silicona, llamado Ecoflex 0030, fue seleccionado debido a su biocompatibilidad y a su alto grado de flexibilidad con respecto a la piel humana. También tiene una gran estabilidad térmica, lo que permite a los dispositivos que hay dentro del polímero mantener su rendimiento en las más variadas condiciones. Los investigadores probaron después su sensor pegándolo al antebrazo de un voluntario de 28 años al que hicieron coger varios cubitos de hielo para que sintiera frío. Esto estimuló la piel de gallina, que deformó los sensores y permitió tomar toda clase de mediciones.

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