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miércoles, 24 de septiembre de 2014

Hacia el ‘homo technologicus’

El prestigioso ensayista norteamericano Nicholas Carr ilustra hasta qué punto hemos depositado nuestra fe en las nuevas tecnologías, que no siempre resultan infalibles. En algunos casos, pueden arrastrarnos a lugares a los que no queríamos llegar.

En su nuevo libro, Atrapados: cómo las máquinas se apoderan de nuestras vidas, explica que hemos caído en una excesiva automatización, proceso mediante el cual hemos externalizado parte de nuestras capacidades. La tecnología guía nuestras búsquedas de información, nuestra participación en la conversación de las redes, nuestras compras, nuestra búsqueda de amigos. Y nos descarga de labores pesadas.

Todo ello nos conduce a lo que Carr denomina complacencia automatizada: confiamos en que la máquina lo resolverá todo. Pero si surgiese un imprevisto no sabríamos como resolverlo (un fallo mecánico por ejemplo). El escritor denuncia textualmente en conversación telefónica desde su casa en Boulder, Colorado, en las Montañas Rocosas para el periódico el país.:

“Las adoptamos muy rápido porque pensamos que son cool o porque creemos que nos descargarán de trabajo; pero lleva tiempo darse cuenta de los peligros que encierran, y no nos paramos a pensar cómo estas herramientas cambian nuestro comportamiento, nuestra manera de actuar en el mundo”.

Otra declaración escalofriante:

“Las tecnologías nos están robando talentos que solo se desarrollan cuando se lucha duro por conseguir las cosas”

El problema de la atención y distracción.

Un problema bastante preocupante es el grado de atención que últimamente prestamos al entorno a causa de la implementación de las pantallas portátiles. Los estímulos y distracciones que éstas nos presentan disminuyen significativamente la capacidad de concentración en nuestro día a día. Con ello sucesivas tareas incompletas y bajo rendimiento en nuestro entorno laboral e íntimo.

Conclusión.

La complacencia automatizada está mermando nuestras capacidades. Aún así, el propio Carr no niega lo ventajoso que resulta la utilización de las nuevas tecnologías en lo referente a la comunicación y conciencia global, pero como hemos observado, “esta aspirina tiene efectos secundarios”. La cuestión primordial es la siguiente: ¿nos compensa?.

Fuente: El Pais

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