miércoles, 1 de octubre de 2014

El mundo de los robots y su futuro

El futuro en lo referente a la ciencia ficción describe una sociedad en la que los robots forman parte de la vida cotidiana. Actualmente existen proyectos e investigaciones que implican a grandes empresas y los resultados están siendo extraordinarios. Claro que, obviamente para que podamos observar una robótica complejamente avanzada como así nos ha enseñado la cultura de la ciencia ficción, aún nos queda lejos. El objetivo primordial de las investigaciones actuales se centra en el trabajo en grupo. Robots que imiten de alguna manera a las termitas para el desarrollo de una tarea con cierta complejidad. Otra fase planteada a largo plazo es la introducción de nano-robots muy pequeños con el fin de reparar problemas internos en el ser humano. Quizás la medicina química y sustancial, hablamos de un futuro hipotético,  pueda sustituirse por estos métodos.
“Los robots humanoides capaces de hacer todo nuestro trabajo, tal y como los hemos visto en las películas, están a muchos años de distancia, si llegan alguna vez. Sin embargo, creo que los robots son cada vez más eficaces en pequeñas tareas muy importantes. Por ejemplo, estoy seguro de que dentro de 50 años nadie conducirá un coche y parecerá un disparate que miles de personas muriesen en las carreteras por accidente evitables”, explica Tony Prescot, director del Sheffield Center for Robotics, uno de los institutos de investigación punteros en Europa, que depende de las dos universidades de esta ciudad del norte de Inglaterra y que coopera con centros de todo el mundo, como la Pompeu Fabra de Barcelona.

El pasado fin de semana dentro del encuentro Festival of the mind, este laboratorio en el que trabajan unos 150 científicos de diferentes campos y nacionalidades realizó algunos experimentos. Uno de ellos consistía en una exhibición de robots que imitaban a mascotas y a humanos de tal manera que se buscaba una toma de contacto entre las relaciones humanas y sus reacciones frente a las máquinas. Las reacciones que se percibieron fueron muy variopintas:

"Es una pena que la ciencia ficción haya ofrecido una imagen tan negativa de los robots", explica Emily Collins, estudiante de posgrado en el centro de investigación y experta en las relaciones entre robots y humanos. "Son como cualquier otro instrumento y tienen aplicaciones muy importantes". También estos instrumentos cada vez se usan más como terapia para los enfermos de demencia senil o alzheimer, como si fuesen animales de compañía sin los problemas que estos plantean en un entorno hospitalario. 

Sin embargo, al final, lo más extraordinario resulta lo aparentemente más sencillo, los ejambres de robots. La Universidad de Harvard, que es quien fabrica estos aparatos de 3 centímetros de ancho llamados kilobots, logró agrupar este verano 1.000 robots en el mayor movimiento colectivo de máquinas realizado hasta el momento. Roderich Gross, el responsable de este proyecto, explica: "Puedes hacer eso sin memoria y sin computación. Son sensores e infrarrojos que les dicen si hay un robot cerca o no". También explica que la idea es imitar a la naturaleza, a las formaciones que crean las bandadas de pájaros o los bancos de peces o los montículos que construyen las termitas, en las que la suma de decisiones muy sencillas de muchos individuos (a veces millones en el caso de los insectos) llegan a producir estructuras muy complejas, como las termiteras.

Dentro del mismo laboratorio, un español, Juan A. Escalera, ha desarrollado unos robots que se unen con imanes y se pasan energía, otra de las claves para ese futuro en el que nos tragaremos una pastilla que se convertirá en un robot dentro de nuestro cuerpo. 

Por último, la UE anunció este verano una inversión de 2.800 millones de euros para un sector en el que Europa tiene un 32% de cuota de mercado, mientras que Google ha comprado ocho compañías de robótica en los últimos dos años. “Los robots hay que utilizarlos con motivos económicos, no para reemplazar personas” explica el profesor de Inteligencia Artificial en Sheffield, Noel Sharkey, experto en ética robótica. Pero aun así, resultan muy útiles para cuidar ancianos o realizar tareas de alto riesgo como por ejemplo en una central nuclear, en el caso de que en el futuro existiesen. ¿Estamos en las puertas de una revolución similar a la que representaron los ordenadores personales, Internet o los móviles? "Sin duda, aunque nos encontramos en el principio", responde Prescot. "Las máquinas son mucho mejores que nosotros en algunas cosas; pero hay problemas simples que todavía resultan muy difíciles de resolver". Paul Verschure, director de Specs, el grupo de trabajo en inteligencia artificial de la Pompeu Fabra, explica por su parte desde Barcelona: "Pensar es lo sencillo: los grandes retos son la conciencia, la creatividad, las emociones". Y los problemas no solo vienen de la tecnología: ¿Quién es legalmente responsable si un coche robotizado provoca un accidente?

Fuente: El Pais

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