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miércoles, 3 de diciembre de 2014

Las guerras propiciaron el sentido de la colaboración en el cerebro

Los conflictos armados en la evolución humana podrían haber contribuido en gran medida a la capacidad del cerebro humano para trabajar en colaboración, según un nuevo estudio realizado por el Instituto Nacional de Matemáticas y Síntesis Biológica (NIMBioS) de Estados Unidos. Durante mucho tiempo ha intrigado a los biólogos cómo evolucionó la inteligencia del hombre, necesaria para desarrollar actividades colaborativas complejas. 

Los expertos también se han preguntado cómo de vulnerable es el comportamiento cooperativo con aquellos que no cooperan y, por tanto, socavan la eficacia de los esfuerzos de colaboración del grupo, algo que los científicos llaman el problema de la acción colectiva.

Y es que el comportamiento de colaboración se considera raro. En los animales este tipo de acciones se limitan normalmente a los parientes cercanos. Sin embargo, los seres humanos son una especie única en la que la colaboración es generalizada y no se limita a los familiares. En el nuevo estudio, publicado en 'Royal Society Interface', el autor principal Sergey Gavrilets, ha desarrollado un modelo matemático que ofrece respuestas a este rompecabezas evolutivo. "El modelo muestra que la inteligencia y el comportamiento cooperativo pueden co-evolucionar para resolver el problema de la acción colectiva en los grupos y para superar los costes de tener un cerebro grande", ha indicado. Querría decir que sería como una especie de mecanismo evolutivo o “herramienta diseñada” para realizar una tarea que requiera de un cerebro más sofisticado.

Según el modelo, la capacidad de colaboración nace más fácil si hay un conflicto directo o una guerra entre grupos. Por el contrario, las actividades colectivas, como la defensa contra los depredadores o la caza de los alimentos, conocidas como 'nosotros contra la naturaleza', no aumentan la capacidad de colaboración de manera significativa. El estudio también predice que si la alta capacidad de colaboración no puede evolucionar, debido, por ejemplo, a que los costes de tener un gran cerebro son demasiado altos, la especie humana albergan una pequeña proporción de individuos con una predisposición genética a realizar actos individualmente costosos pero beneficiosos para el grupo. Ejemplo Nikola Tesla.

Además, el modelo desafía las teorías influyentes. Algunos científicos dicen que fue la caza la que originó las primeras alianzas de colaboración, que, posteriormente se utilizarían para formar grupos en conflicto. Pero este nuevo trabajo indica que la colaboración en la lucha entre grupos es anterior a la relacionada con la caza.

Fuente: Europapress


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