martes, 20 de enero de 2015

La neurociencia ya puede predecir el comportamiento. Pero ¿debe hacerlo?

Los neurocientíficos ya están en condiciones de utilizar una serie de medidas de la funcionalidad cerebral (neuromarcadores) para vaticinar el futuro rendimiento educativo de un niño o de un adulto, sus aptitudes de aprendizaje y sus desempeños favoritos. También sus tendencias adictivas o delictivas, sus hábitos insalubres y su respuesta al tratamiento psicológico o farmacológico. El objetivo de los científicos seria personalizar las prácticas pedagógicas y clínicas para hacerlas mucho más eficaces y serviciales para la gente. Resumen y analizan el neurocientífico John Gabrieli y sus colegas del Instituto de Masachusets que comprender el cerebro humano ha sido fruto del estudio de las anomalías naturales que han tenido multitud de pacientes y también de errores indebidos quirúrgicamente en el campo de la neurocirugía. 

Pero hoy en día gracias a las técnicas no invasivas que ofrece la neuroimagen, se ha abierto un despliegue inmenso de descubrimientos y sorpresas a finales del siglo pasado y principios de éste. Todos ellos han mejorado la comprensión de ciertas áreas encargadas de la percepción, el conocimiento, el pensamiento moral, el comportamiento social o la toma de decisiones económicas. 

Lo que proponen Gabrieli y sus colegas del MIT es utilizar todo el nuevo despliegue tecnológico capaz de medir la neurodiversidad humana para predecir el comportamiento futuro de las personas. Gabrieli dice que podría contribuir favorablemente a la sociedad pero implica el establecimiento de fundamentos éticos. Con un simple casco de electrodos, a las 36 horas del nacimiento de un bebé, se podrá predecir con un 81% de acierto si desarrollará dislexia a los ocho años. Y por tanto permitirían aplicar programas educativos especiales a esos niños durante los primeros ocho años de vida o la detección de comportamientos delictivos en el futuro, cambiando así de forma personalizada la educación del individuo para que esa propensión no salga a flote. Básicamente lo que se busca es personalizar e individualizar todos los tratamientos tanto psiquiátricos como psicológicamente. 

La cuestión principal es encontrar formas legales de garantizar que toda esa información predictiva se utilice para ayudar a los ciudadanos, y no para que las empresas o las instituciones seleccionen a la gente que tiene más probabilidades de éxito. Pero Gabrieli y sus colegas no lo creen así, por la sencilla razón de que las prácticas actuales son ya muy cuestionables. “Se ha demostrado”, arguyen los científicos, “que las decisiones sobre libertad condicional que toman incluso los jueces más experimentados vienen afectadas por factores como la hora del día y la proximidad de la hora de comer”. Un criterio objetivo de neuroimagen siempre será mejor que esa ruleta, opinan los investigadores del MIT.

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