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miércoles, 11 de febrero de 2015

El experimento de la credulidad o el día que quisieron prohibir el agua

Nathan Zohner era un estudiante de 14 años del instituto Eagle Rock Junior de Idaho (EE.UU.) a quien en 1997 se le ocurrió poner a prueba a sus paisanos en un experimento científico que ahora ya es un clásico. Lo que Zohner quería comprobar era hasta dónde llegaba no solo la ignorancia, sino también el miedo a todo lo relacionado con la investigación química y lo fácil que es manipular a la gente. Así, el alumno invitó a cincuenta personas abordadas por la calle a firmar una petición para controlar severamente o prohibir lo que parecía una sustancia maldita: el monóxido de dihidrógeno.

Zohner exponía, sin mentir, que este monóxido es un componente importante de la lluvia ácida. Si se espera el debido tiempo, puede disolver casi cualquier cosa con la que establezca contacto (erosión); si se inhala de manera fortuita, puede matarte (por ahogamiento); puede causar daños en líneas eléctricas y motores de automóviles; en estado gaseoso, puede provocar quemaduras graves y, horror, se ha observado en tumores de pacientes con cáncer terminal.


Sin embargo, y a pesar de esas advertencias, la molécula se utiliza como disolvente industrial, en plantas nucleares, en investigación animal, en pesticidas ¡y hasta en la comida basura!

La presentación, en efecto, no era muy agradable.

De las cincuenta personas que atendieron al estudiante, 43 firmaron la petición, seis tuvieron dudas y solo una se negó por estar absolutamente de acuerdo con la existencia de la molécula. Lo que esta buena gente espantada se negaba a introducir en el medio ambiente era la pura y simple agua (H2O, monóxido de dihidrógeno).

El proyecto de la «feria de ciencias» de Zohner se titulaba, muy acertadamente, «¿Cómo somos de crédulos?».

La versión de Zohner de este experimento no es la primera, años antes ya había sido utilizada por algún medio estadounidense en el «día de los Inocentes» anglosajón (April Fools' Day) y fue perfeccionada por investigadores de la Universidad de California en Santa Cruz. El objetivo del engaño es promover el pensamiento crítico y la discusión del método científico, porque es fácil hacer que algo suene aterrador, incluso cuando es algo tan común e indispensable como el agua.

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