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viernes, 6 de febrero de 2015

Sexto sentido: una realidad gracias a la piel electrónica


¿Escuchó alguna vez el término “magneto-recepción”? Es justamente el vocablo que se utiliza para explicar la función de este nuevo sensor magnético que se aplica a la piel humana y que fue desarrollado por científicos alemanes y japoneses. Y es la “magneto-recepción” la que le puede otorgar al ser humano este sexto sentido magnético que en realidad ya existe en la naturaleza, en ciertos animales, que pueden gracias a esto, detectar campos magnéticos para su orientación y navegación. En este caso los científicos lograron el desarrollo de este sensor en forma de lámina, delgada, robusta y maleable para aplicar y adaptar a la piel humana, donde sea necesario.

Gracias a la magneto-recepción, las aves por ejemplo, conocen su posición, altura y dirección. Las palomas mensajeras pueden detectar la presencia del campo magnético de la tierra utilizando este sentido. Las bacterias, las abejas y los tiburones, son solo algunos de los que gozan de esta posibilidad, lo que les permite detectar los campos magnéticos en su entorno y así poder orientarse, navegar y regresar a su lugar de origen sin muchas complicaciones.

Hasta ahora, los seres humanos no tenían la habilidad de percibir ese tipo de señales de forma natural, utilizando solamente los sentidos. Y a partir de este proyecto, que nace de una investigación conjunta entre la Universidad Técnica de Chemnitz, de Alemania y las universidades de Tokio y Osaka de Japón, podría lograrse gracias a esta piel electrónica.

El Dr. Denys Makarov, líder del equipo científico que lleva adelante el proyecto, asegura que este dispositivo agregado a la piel “da una sensación adicional fuera de los cinco sentidos de los humanos”. Este nuevo desarrollo da al usuario un “sexto sentido” con el cual puede percibir la presencia de campos magnéticos estáticos o dinámicos.

Este nuevo dispositivo, que en realidad es una malla con capacidad magnetoelectrónica, consta de un espesor de menos de dos micrómetros y pesa solo tres gramos por metro cuadrado. La malla en sí es muy maleable y puede ser plegada y arrugada como un papel sin perder ninguna de sus propiedades sensoriales. A través de diversos experimentos, se logró estirar el dispositivo a más de 270% de su longitud, más de mil veces, sin presentar fatiga. Según sus creadores, dicha versatilidad fue lograda gracias a la elaboración de los elementos magnetoelectrónicos sobre una base robusta de polímeros ultra delgados y muy flexibles.


Oliver G. Schmidt, director del Instituto de Nanociencias Integradas de la universidad Técnica de Chemnitz, aseguró que “estos sensores magnéticos ultra delgados con una solidez mecánica extraordinaria son idealmente adecuados para ser colocados de manera discreta e imperceptible como dispositivos de asistencia en orientación y manipulación.

A ciencia cierta, este tipo de sensores permiten a quien los tenga insertados, percibir la orientación con base en el campo magnético de la tierra misma, sin necesidad de utilizar una brújula o un GPS. El usuario podría recibir la sensación utilizando por ejemplo una vibración en un dispositivo móvil. El Dr. Markarov, líder del equipo científico aseguró que “los sensores pueden detectar cualquier tipo de movimiento, es decir que pueden monitorear la actividad muscular, y en particular la del corazón.

Según sus creadores, otro uso potencial permitiría la navegación en la oscuridad y hasta podría desarrollarse enfocado en personas con discapacidad visual para ayudar en la orientación en un espacio físico particular que tenga su propio campo magnético de referencia.

En definitiva, la ciencia no para de sorprendernos con estos nuevos desarrollos, y como se vislumbra, la nanotecnología se está transformando en uno de los pilares de los desarrollos más avanzados dentro del campo de la salud.


Fuentes: Agencias, BBC

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