jueves, 16 de abril de 2015

Descubren en una tasca de San Agustín cartas náuticas de finales del siglo XIX

Las casonas laguneras mantienen aún muchos secretos. Uno de ellos acaba se ser descubierto, precisamente, por el responsable del archivo municipal, Luis Duque. La tasca El Funcho, en plena calle de San Agustín, escondía en una de sus alacenas un pequeño descubrimiento histórico solo perceptible para el ojo experto: unas cartas náuticas de finales del siglo XIX.

"Fui a almorzar y me fijé en unas páginas adosadas a una antigua alacena empotrada en la pared", explicó el director del archivo histórico lagunero. "Me llamó la atención tanto el tipo de papel, como la tinta y la forma de las letras", añadió. Duque interrogó a los responsables del local sobre la procedencia de ese pequeño mural de papel que rodeaba al mueble en sus dos partes laterales. "Me dijeron que alguien alguna vez les había comentado que parecían apuntes sobre toneladas de plátanos y cultivos", matizó. "No obstante, el tipo de letra y muchos de los datos me hicieron dudar rápidamente de esa versión".


Duque, un verdadero apasionado de su trabajo, se puso rápidamente manos a la obra. Para ello contó con la ayuda del investigador Lorenzo Santana, que ha colaborado en la redacción del informe sobre estos vestigios históricos. A partir de ahora, los clientes de esta tasca podrán leer junto a la alacena las conclusiones históricas extraídas por los investigadores. "Hemos redactado un texto para que puedan enmarcarlo y conservarlo junto a los restos de estos mapas", indicó el archivero.

Antes de ser una tasca, y durante mucho tiempo, este espacio? fue la vivienda de la familia Sansón Chirino. "Estaban muy vinculados con Cuba antes de la revolución castrista y de ahí puede venir la explicación de la presencia de estas coordenadas relacionadas con la navegación marítima", aclaró el responsable del archivo de La Laguna.

El informe que, desde ahora, puede ser contemplado en El Funcho, incluye una descripción técnica de los restos, que ahora cobran más valor gracias a la investigación realizada por los dos expertos.

En el mismo se precisa el lugar exacto del hallazgo. "En la parte interior de las puertas que cierran la alacena se conservan unas tiras alargadas de papel con unas anotaciones de textos y cifras", indica. Además, el texto detalla el estado de conservación en el que se encuentran. "Se han perdido en parte, pero lo conservado es suficiente para identificar su contenido y su finalidad". El estilo y forma de la letra empleada ha servido para fechar los escritos. "La letra permite fecharlas en el siglo XIX, una datación que viene confirmada por su utilidad", detallaron los investigadores.

De hecho, esa datación también está refrendada por el cambio en este sistema de mediciones que se realizó a principios del siglo XX. Los símbolos y medidas que aparecen en la alacena son anteriores a ese cambio. "Son tablas náuticas para establecer la equivalencia entre los grados de los paralelos y las distancias en leguas marinas", concretaron en el informe.

Estos cálculos eran especialmente importantes porque en alta mar "no entraña ningún problema establecer la relación entre la latitud y la distancia al ecuador pero sí calcular la que se da entre la longitud y los equinoccios". "Esta dificultad radica en el hecho de que la tierra se estrecha a medida que nos acercamos a los polos, por lo cual los paralelos que marcan los 360 grados en que se divide la circunferencia terráquea se van aproximando cada vez más y se reduce la distancia entre ellos", añadieron.

Estas tablas, que se conservan con relativa integridad en El Funcho, permitían calcular la distancia en leguas a la que equivale un grado de paralelo a medida que un barco se distancia del ecuador y se aproxima a uno de los polos. De hecho, precisaron los investigadores, en la primera columna de cifras de la puerta izquierda de la alacena aún se puede leer "grados de las paralelas equinocciales".

"Estas tablas permitían a los marinos, una vez establecida la posición del barco con el uso del sextante y el reloj, convertir las coordenadas de longitud –expresadas en grados, minutos y segundos – en distancias en leguas con respecto al puerto de destino", explicaron. Así, con una simple operación aritmética, los marinos podían estimar el tiempo que duraría su travesía.

Duque y Santana concluyeron que las tablas contienen los datos del método usado por la marina española antes de que se estableciera el sistema de las millas náuticas. "Pues se da un valor de 17 leguas y media por cada grado del paralelo del ecuador". La conclusión más lógica respecto al origen de este curioso panel de coordenadas es la de "suponer que esta alacena contenía alguna colección de cartas de navegación y que su propietario deseaba tener esas tablas siempre a mano para usar correctamente sus mapas".

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