miércoles, 11 de mayo de 2016

Un joven de 15 años asegura haber encontrado una ciudad maya perdida

Espacio
Mirando al cielo se rastrea la tierra. Es lo que le ha pasado a un quinceañero llamado William Gadoury, residente en Quebec (Canadá), que dice haber descubierto una ciudad maya en la Península de Yucatán gracias a la observación de las estrellas. Lo primero que ha hecho es bautizar la urbe maya como como K’ ak’ Chi’, que significa ‘Boca de fuego’. El método para lograr el hallazgo es sugerente, aunque los expertos desconfían de él y se muestran escépticos ante el supuesto descubrimiento.


Según publica ‘Le Journal de Montreal’, el aprendiz de arqueólogo es un apasionado de las culturas amerindias. Gadoury pensó que parecía absurdo que los asentamientos mayas se afincaran en terrenos yermos, en montañas y lugares sin aprovisionamiento estable de agua. Debía de existir un argumento poderoso para que los mayas eligieran zonas tan desabridas para vivir. Formuló entonces una hipótesis: si la civilización mesoamericana desarrolló avanzados conocimientos de astronomía, quizás la razón para decidir el lugar estuviera escrito en las estrellas.

Acto seguido y con mucho entusiasmo el joven llegó a localizar 22 constelaciones mayas en el Códice Tro-Cortesano, que señaló en un mapa de Google. Según Gadoury, lo que era una conjetura adquirió visos de realidad. No en vano, los cuerpos celestes coincidían con la ubicación de 117 asentamientos. "Me sorprendí al percatarme de que los astros más brillantes de las constelaciones correspondían a las mayores ciudades mayas", dijo al diario canadiense.

A raíz de ello, buscó en las bibliotecas, y el resultado no fue infructuoso. En otro libro dio con la vigésimo tercera constelación maya, en la que había sólo tres estrellas. Las situó en su mapa de pueblos mayas y vio que únicamente había dos asentamientos. Era lógico pensar que una tercera ciudad había pasado desapercibida a los arqueólogos.

El precoz investigador se puso en contacto con la NASA y la Agencia Espacial Japonesa, JAXA, que le proveyeron de imágenes tomadas por satélite. Con estas y otras fotos encontró una zona selvática devastada por un gran incendio. En ese lugar remoto puede haber una pirámide y una treintena de edificaciones. Las formas geométricas no tienen pinta de que sean producto de fenómenos naturales. 

Por ahora se ha impuesto la prudencia y los estudiosos no quieren lanzar las campanas al vuelo. No hay suficientes evidencias que hagan posible asociar enclaves antiguos con la existencia de constelaciones. O al menos se antoja una hipótesis arriesgada. La historiadora Evelyne Ferron declaró al periódico francés ‘Libération’ que no es la primera vez que algunos muros de piedra se confunden con estructuras habitables. Los arqueólogos que han trabajado en Egipto lo saben de sobra.
Así las cosas, habrá que esperar a que una expedición se adentre en la Península del Yucatán y certifique la validez del hallazgo. Otra cosa sería un brindis al sol, otra estrella.

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