viernes, 24 de noviembre de 2017

Copernicus, el intento europeo de cambiar el mundo desde el espacio

A veces la tecnología va por delante de la sociedad y de la economía. Fue así como algunos inventos del espacio, creados para espiar a los enemigos o mandar naves a la Luna, después se convirtieron en aplicaciones cotidianas en tierra. Gracias a esto, hoy se puede usar el GPS en un pequeño y barato «smartphone», hacer operaciones bancarias en internet o hacer aterrizar aviones en medio de un temporal. 

El avance de tecnología espacial no se detiene. Cada vez más países y empresas acceden al espacio y lanzan satélites más potentes y baratos. En medio de esta vorágine, la Unión Europea trata de no quedarse atrás en la carrera de la innovación con dos grandes proyectos: Copernicus, un sistema de observación de la Tierra, y Galileo, un «GPS europeo» que supera con mucho a la precisión de sus competidores. Ambos recogen desde el espacio enormes cantidades de información que pueden ser usadas en aplicaciones que hasta hace poco eran impensables. Hoy, la agricultura de precisión, el diseño de ciudades más eficientes o el seguimiento en tiempo real de la polución no son tecnologías de ciencia ficción, sino servicios que Europa quiere proporcionar desde el espacio.

Por este motivo, la Unión Europea ha convertido a Copernicus en uno de los «buques insignia» de su política. Este es un complejo programa de observación terrestre que se caracteriza porque puede proporcionar datos muy precisos sobre el estado del globo. Está compuesto por una treintena de satélites, entre los que hay seis satélites Sentinel lanzados a propósito para esta tarea, y otras infraestructuras terrestres: unas diseñadas para procesar los datos y transformarlos en información y otras para captar más datos sobre el terreno, como son por ejemplo los sensores meteorológicos. El objetivo final de todo el sistema es cubrir el planeta de forma continua y ofrecer la información recopilada gratuitamente a todos aquellos que estén interesados, ya sean empresas u organismos públicos.


Copernicus permite seguir día a día la evolución de todo aquello que se puede ver desde el espacio. Por ejemplo, puede analizar el crecimiento de las cosechas, el cauce de los ríos, la evolución de las corrientes océanicas, los vertidos de contaminación, las nubes de polución o incluso el crecimiento de ciudades. Y, por eso, y tal como mostraron algunas de las startups que estuvieron presentes en la «European Space Week», un encuentro entre políticos y empresarios del sector espacial celebrado en Tallín (Estonia) recientemente, esta tecnología puede ser de ayuda en innumerables aplicaciones, presentes y futuras.

Visión multiespectral de Córdoba, donde se aprecian diferencias en la cobertura vegetal de tierras de cultivo-Sentinel Hub
Gracias esto, los ayuntamientos podrán diseñar ciudades más sostenibles, las agencias ambientales podrán seguir el estado de los océanos con más detalle y en tiempo real y las empresas podrán diseñar aplicaciones para guiar a personas invidentes o ayudar a los agricultores a conocer el estado de sus cultivos. Además, Copernicus sirve para monitorizar los efectos del cambio climático y para ayudar en tareas de seguridad, facilitando la protección frente a vertidos o en la gestión de emergencias, y también en la respuesta a catástrofes naturales. De hecho, Copernicus ya se usa para evaluar el riesgo de incendios (en el blog «almazcara.forestry.es» pueden verse muchos ejemplos) o el alcance de los daños provocados por inundaciones.

Sea como sea, se puede decir que Europa ha apostado claramente por el espacio. Tal como explicó Jan Wöerner, director general de la ESA, el organismo que dirige y la Comisión Europea han decidido acercar el espacio a la tierra e integrarlo en la economía y la sociedad, con vistas a crear un sector espacial competitivo internacionalmente y al mismo tiempo garantizar la autonomía de Europa. «Desde el espacio no se ven las fronteras, aunque es cierto que se ven nubes encima de Reino Unido», bromeó Wöerner, para referirse al Brexit. «Pero debemos trabajar unidos. Y reconstruir el espíritu europeo».

«Muchos aspectos de la vida cotidiana están basados en servicios del espacio, aunque la gente no lo sepa», explicó Pierre Delsaux. «La Comisión Europea quiere ser un facilitador entre las compañías y la gente que usa esos servicios». ¿Por qué hacerlo? Según explicó, apostar por ello es especialmente importante para el futuro: «Si no invertimos en el espacio, la industria y nosotros nos quedaremos atrás. China o Estados Unidos tienen una inversión enorme en el espacio. Y en diez o quince años la industria dependerá de esa tecnología. Si no tomamos la decisión acertada ahora, no notaremos las consecuencias inmediatamente, pero sí en el futuro».

Poco a poco, cada vez más instituciones europeas van usando los servicios de datos de Copernicus para evaluar el estado del medio ambiente o de las ciudades, entre otras muchas cosas. El sistema de navegación Galileo ya ofrece servicios de gran precisión para los smartphones más avanzados del mercado, como el iPhone 8, el Huawei P10 o el Samsung S8. Muchas ideas y startups prometen revolucionar la tecnología con nuevas aplicaciones. Según Andreas Veispak, el objetivo final de todo esto es lograr «vivir en una economía basada en conocimientos y que recopila información sobre lo que está ocurriendo».

Fuente:   ABC Ciencia

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